Elecciones Europeas: El amplio triunfo de Le Pen provocó que el guerrerista Macron convoque a parlamentarias anticipadas en Francia

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Reagrupación Nacional de la opositora Marine Le Pen le propinó una dura derrota al presidente francés, embarcado en “su guerra” contra Rusia apoyando al régimen de Kiev. En España, el Partido Popular se impuso sobre el PSOE y Vox quedó como tercera fuerza; y Fratelli D´Italia de Giorgia Meloni ganó las europeas italianas.

Las fuerzas escépticas han dado este domingo un nuevo paso adelante con resultados demoledores en los miembros fundadores de la Unión aprovechando la ola de descontento que va desde el campo a la industria pasando por los ‘perdedores de la globalización’. Los números, agitan, sacuden los pilares tradicionales, pero no son suficientes para un cambio de orden.

El Partido Popular Europeo, el favorito indiscutible, ha ganado, una vez más, las elecciones europeas, logrando 189 escaños según los resultados provisionales. Las derechas son claramente las triunfadoras, pues los de Ursula von der Leyen ganarían representación (13) por primera vez tras tres convocatorias consecutivas menguando. Crece también el grupo de los Conservadores y Reformistas (ECR, en el que se encuadra Vox o Giorgia Melonia) hasta 72, Identidad y Democracia (ID, de Marine le Pen) hasta 58 y sobre todo los No Inscritos y otros que suman 98 escaños, ya que formaciones importantes como el Fidesz de Victor Orban o la medio fascista AfD, que disputa en Alemania el segundo puesto al SPD, no tienen por el momento grupo en la Eurocámara. Los aplastantes resultados en Francia y Alemania, que han forzado elecciones en la primera y presiones para algo parecido en la segunda, han marcado el tablero y sacudido, pero no tumbado.

Los grandes derrotados de la noche han sido los Verdes (52), los Liberales (80) y los socialistas (135) , por ese orden, con una caída importante de escaños, porcentaje de voto y confianza tras una legislatura marcada por sus preferencias, prioridades y temas estrella, del Pacto Verde a la cooperación económica con los Fondos Next Generation. Estas dos son pocas de las lecturas claras de la noche. Todas las demás están llenas de matices, aristas, contrafácticos. Por cada dato para el optimismo de unos hay otro para el pesimismo.

Europa ha sido gobernada tradicionalmente por una Gran Coalición de socialdemócratas y democristianos. En 2019, por primera vez, los votos de Verdes y Liberales se volvieron indispensables, tanto para sostener a la Comisión como para aprobar legislación. Ahora, su presencia seguiría siendo vital y es suficiente, pero ahora el PPE y todo lo que está a su derecha tendrían suficiente para formar una mayoría. No ocurrirá, no como norma general. El presidente del PPE y líder de su grupo en la Eurocámara, Manfred Weber, lo primero que ha hecho al celebrar los resultados es tender la mano a sus socios habituales y preferentes para “una mayoría proeuropea”. Pero poniendo una condición inmediata: el apoyo de todos a Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea hasta 2029. “Somos un ancla de estabilidad. Construiremos un bastión contra los extremistas de izquierda y derecha. Los partidos del centro tenemos una gran responsabilidad. Podemos discrepar en asuntos concretos pero todos queremos estabilidad y una Europa eficiente que funcione”, ha prometido la alemana dirigiéndose a los líderes europeístas.

Los equilibrios hasta 2030 serán, previsiblemente, los de siempre para los temas principales. Pero los números abren la puerta a que en temas puntuales se pueden sacar adelante resoluciones, tumbar dosieres y marcar caminos. Así que los que quieran ver el vaso medio lleno podrán argumentar que hay margen para que el proceso se integración no se vea afectado. Y los que lo noten medio vacío dirán que la horquilla se ha reducido, que los umbrales se tambalean y que los muros históricos se desmoronan poco a poco. Que estamos ante una legislatura de transición, de examen permanente, y que el cambio de verdad se espera para la próxima convocatoria, cuando Giorgia Meloni y sus aliados confían en poder romper “una alianza antinatural” entre izquierda y derecha.