La Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA) nuclea a 250 Cámaras empresarias pymes bonaerenses. De acuerdo al seguimiento y sondeo realizado entre sus empresarios, comerciantes y emprendedores, la nueva aceleración inflacionaria profundiza una crisis silenciosa en el entramado productivo: caída del consumo, pérdida de rentabilidad y empresas que sobreviven en modo emergencia.

El dato de inflación de marzo del 3,4% -el más alto de los últimos doce meses-, no es simplemente un indicador macroeconómico negativo. Para las pequeñas y medianas empresas argentinas representa una nueva señal de alarma en un escenario que ya es extremadamente complejo. Con este resultado, la inflación acumulada en el primer trimestre alcanzó el 9,4% y la interanual llegó al 32,6%.
Para una pyme, la inflación no es un número técnico que se analiza en una planilla. Es el aumento diario de costos, la incertidumbre sobre la reposición de mercadería, la dificultad para sostener precios competitivos y la imposibilidad de proyectar a mediano plazo.
La problemática se agrava porque esta nueva aceleración inflacionaria no ocurre en un contexto de crecimiento o recuperación de la actividad. Se desarrolla en una economía enfriada, con consumo debilitado, ventas retraídas y márgenes de rentabilidad cada vez más estrechos.
“Ese es hoy el verdadero drama pyme en Argentina: suben los costos, pero no suben las ventas. Miles de empresarios bonaerenses enfrentan una ecuación insostenible. Deben absorber incrementos constantes en alquileres, servicios, logística, salarios, insumos y presión tributaria, mientras operan en un mercado donde el consumidor perdió capacidad de compra y restringe cada vez más sus decisiones de consumo.”, señala Camilo Alberto Kahale, presidente de FEBA (Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires).
La inflación de marzo volvió a mostrar presión en alimentos y transporte, entre otros rubros que impactan directamente en la estructura operativa de las empresas. “En este contexto, muchas pymes ya no discuten cómo crecer. Hoy el objetivo es sostenerse. La pregunta es ¿hasta cuándo podrán sobrevivir? Muchas ya murieron, un día no levantaron sus persianas y miles de familias trabajadoras quedaron en la calle. Esto es algo que vemos todos los meses.”, agrega Camilo Alberto Kahale, presidente de FEBA.

Cada mes de inflación en aumento deteriora capital de trabajo, posterga inversiones, obliga a financiar stock más caro, encarece el crédito y erosiona la previsibilidad necesaria para producir y generar empleo.
“No es un fenómeno nuevo en la Argentina, es algo que se viene dando desde hace décadas. Lo que ocurre es que durante esta gestión se le pidió al sector pyme un mayor sacrificio para lograr un descenso inflacionario sostenido; pero lo que vemos es un proceso de estancamiento con una inflación que durante los últimos meses sube y sube.”, agrega Kahale.
“Desde FEBA advertimos con preocupación que muchas empresas están ingresando en una etapa de supervivencia estructural. Ya no se trata de una coyuntura difícil o de una turbulencia pasajera: el empresariado pyme enfrenta un proceso prolongado de desgaste, en el que sostener la actividad se vuelve cada vez más costoso y menos rentable.”, sostiene.
La inflación del 3,4% no es sólo una mala noticia estadística. Es una confirmación de que el sector productivo sigue operando bajo enorme presión y con márgenes cada vez más estrechos. Porque mientras los indicadores se debaten en la macro, en la economía real miles de pymes argentinas siguen haciendo equilibrio para no caer.
“Y ninguna economía puede crecer de manera sostenible si quienes generan empleo, inversión y producción están permanentemente al borde de la asfixia.”, concluye Camilo Alberto Kahale.





