Mientras millones de argentinos enfrentan dificultades crecientes para pagar cuotas de tarjetas, préstamos y financiaciones, el uso de stablecoins —el “dólar digital”— alcanza niveles históricos en el país. Dos fenómenos aparentemente desconectados que, sin embargo, comparten una raíz común: la erosión del sistema financiero tradicional.

La morosidad en el crédito crece de forma sostenida y el uso de stablecoins alcanza máximos históricos en el país. Los datos muestran dos tendencias simultáneas que comparten un denominador común: la pérdida de confianza en el sistema financiero tradicional.

El deterioro del crédito

Según la consultora EcoGo, la irregularidad en las carteras de crédito no bancario (fintechs, billeteras virtuales y entidades financieras no tradicionales) alcanzó el 23,9% en enero de 2026. En el segmento bancario, los niveles también subieron hasta ubicarse en torno al 10,6 %, el punto más alto en más de 20 años según estimaciones basadas en datos del Banco Central de la República Argentina.

Este aumento es particularmente agudo en ciertos subsegmentos, como los créditos otorgados por vendedores de electrodomésticos, donde la morosidad alcanzó el 41% en promedio durante 2025 (frente al 14% de diciembre 2024), según el mismo informe de EcoGo basado en datos del BCRA. Este salto refleja tasas elevadas, ingresos reales estancados y una mayor dificultad de las familias y pymes para cumplir con las cuotas. El resultado es un debilitamiento del vínculo con el crédito convencional, que pasa de ser una herramienta de acceso al dinero a una fuente de presión adicional.

El avance de las stablecoins

Al mismo tiempo, el mercado global de stablecoins supera los USD 315.000 millones, según DefiLlama. Argentina se mantiene entre los países con mayor adopción de criptoactivos a nivel mundial, con un volumen de transacciones que la ubica en el segundo lugar de América Latina (USD 93.900 millones en el período analizado), de acuerdo con Chainalysis. “En este contexto, las stablecoins (principalmente USDT y USDC) representan más del 60 % del volumen on-chain en mercados emergentes similares”, afirma Maria Fernanda Juppet, CEO de la exchange Notbank by Cryptomarket, quien observa cómo los usuarios argentinos de su plataforma, hacen uso cotidiano del dólar digital. “Es sorprendente lo avanzado y alto que es  la penetración que tienen las stablecoins en Argentina en comparación con otros países de la región”.

El vínculo entre ambos fenómenos

La suba de la morosidad no es solo un dato crediticio: es una señal de que el sistema financiero tradicional empieza a perder capacidad de ordenar el comportamiento económico. Cuando el crédito deja de ser una herramienta de expansión y pasa a ser una carga, el vínculo con bancos y fintechs se debilita.

“El aumento de la morosidad ya está generando efectos concretos: más reservas por incobrables, condiciones más duras para acceder al crédito y tasas más altas para refinanciar. De esta manera, el crédito deja de ser una herramienta de expansión y empieza a impactar en la actividad”, explica Maximiliano Galli, CEO de Helipagos y Mora, plataforma de mediación flexible entre deudores y acreedores.

En paralelo, el crecimiento de las stablecoins no responde solo a la cobertura cambiaria, sino a un cambio más profundo: los usuarios ya no eligen únicamente en qué moneda ahorrar, sino en qué infraestructura operar.

Cada vez más flujos —sueldos, ingresos freelance, remesas— se canalizan directamente hacia dólares digitales. La lógica ya no es “comprar dólares”, sino salir lo antes posible de un sistema percibido como costoso, restrictivo o poco eficiente.

Mientras el sistema bancario mantiene fricciones operativas, las stablecoins ofrecen liquidación inmediata, disponibilidad 24/7, privacidad y una arquitectura global. Más que una cuestión de costos, lo que se impone es la experiencia y la previsibilidad.

En este contexto, morosidad y adopción de stablecoins no son fenómenos aislados: son dos caras de un mismo proceso. La progresiva desintermediación del sistema financiero en los usos cotidianos del dinero. “Las stablecoins actúan como termómetro de la salud del sistema financiero: cuando su adopción crece con fuerza en entornos como el argentino, suele indicar que existen necesidades que el banking tradicional no está satisfaciendo plenamente”, señala Juppet.

Un fenómeno global, no exclusivo de Argentina

Este proceso no es exclusivo de Argentina, sino parte de una tendencia mundial: las stablecoins ganan terreno en contextos de inestabilidad financiera. En mercados emergentes, impulsadas por volatilidad e inflación, representan un crecimiento significativo (S&P Global estima pasar de USD 70.000 millones a entre 250.000 y 730.000 millones en 45 economías).

El caso de Estados Unidos acelera esta dinámica: en julio de 2025, el presidente Trump firmó la GENIUS Act, primera ley federal que regula stablecoins como infraestructura financiera con respaldo 1:1 y protección a tenedores. En 2026, su implementación aporta legitimidad global.