Los dichos del máximo funcionario de Economía, quien dijo que en el país el precio de la ropa era un “robo” cayeron especialmente mal entre empresarios textiles, un rubro de la economía que emplea a más de 500 mil trabajadores y que, como pocos, se ha visto resentido el último año tras la apertura indiscriminada de importaciones, en especial de países asiáticos.

“Estamos muy dolidos los textiles porque ignoran lo que pasa en nuestro sector. Nos dicen que somos ladrones, y eso es todo mentira. Engañan a la gente”, afirma a Radio 750 Camilo Alan, empresario textil y de calzado y comerciante, quien cuestionó la “estigmatización” al rubro.

Alan desmiente además los precios mencionados por el Gobierno. “Adorni dijo que un jean vale 100 dólares. Yo vendo uno a 39.900 pesos, que hoy son unos 26 dólares. Si un importador lo trae a 25 dólares y yo lo vendo a 26 al público, entonces estamos más baratos”, le aclaró al jefe de Gabinete.

Suelto de cuerpo, Adorni se sumó a los dichos de Caputo, cuestionó los márgenes de ganancias de los empresarios y rechazó que la apertura de importaciones represente la pérdida de puestos de trabajo en la industria textil, que por cierto se desangra con despidos en toda la cadena productiva a lo largo y a lo ancho del país.

Pero para Alan, el desembarco de plataformas internacionales como Shein y Temu “mataron el consumo”. “Les permitieron entrar pagando solo IVA, cuando un importador argentino paga hasta 95,5% de impuestos. Así es imposible competir”, sostuvo.

Y agrega: “Si no bajan los impuestos y las tasas de interés, esto no se sostiene. El rubro viene mal desde hace tiempo porque la gente no tiene plata. Mienten con la inflación”.

Marco Meloni, empresario textil y vicepresidenta de Industriales Pymes Argentinos, coincide con Alan y lamenta las declaraciones de Caputo. “Es fácil pegarle a 5 mil textiles. Es una falta de respeto a la intelectualidad”, asegura a Radio 750.

“Creo que con los cliché de Adorni y Caputo es para hacer una comedia del neorrealismo italiano. Hoy tenés jeans a 13 mil pesos y hasta 300 mil pesos en los shoppings”, explica el empresario, quien aclara que “el del shopping es importado y aspiracional”

Además, asegura que “la ropa también en cara en Italia, donde un pantalón puede salir 4 mil euros. Pero si vos tenés de 13 mil a 300 mil y en el medio pasas por lo que quieras”, sostiene.

“Decime, ¿qué producto nacional tiene diferencia de 30 veces entre las más barata y la más cara? Se meten con nosotros sin saber que hay ropa barata. Hay mucha ropa barata. Y el mercado nuestro es el 30 por ciento, porque el otro 70 por ciento es importado. Pero vaya, donde está caro es en el 75 por ciento importada. Lo que está caro, y no demostró que esté caro, es lo importado”, agrega.

Desde ENAC (La Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales) expresaron nuestro su más enérgico repudio a las declaraciones del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, quien calificó como “un robo” a la ropa producida en la Argentina y reconoció públicamente que nunca compró indumentaria nacional, relativizando además el impacto social y productivo de uno de los sectores que más empleo genera en nuestro país. Sus dichos no solo resultan ofensivos para miles de trabajadoras y trabajadores, sino que evidencian una profunda desconexión con la realidad cotidiana de la Argentina productiva.

La industria textil y de la indumentaria sostiene de manera directa e indirecta a miles de familias en todo el país, con fuerte presencia de pequeñas y medianas empresas en el interior. Reducir este entramado productivo a un problema de “precios” y señalarlo como un privilegio injustificado es desconocer deliberadamente el rol estratégico de la industria nacional en la generación de empleo, el desarrollo regional y la cohesión social.

Los altos precios de la indumentaria no pueden analizarse sin mencionar los costos estructurales que enfrenta la producción local: una carga impositiva asfixiante, alquileres comerciales dolarizados, costos financieros elevados, logística cara y un mercado interno golpeado por la pérdida del poder adquisitivo. De hecho, distintos informes sectoriales señalan que solo una porción mínima del precio final corresponde a la industria, mientras que la mayor parte se explica por impuestos y costos ajenos a la producción.

La apertura indiscriminada de importaciones y la falta de políticas activas de protección y estímulo a la producción nacional ya están teniendo consecuencias concretas: fábricas cerradas, suspensiones, despidos y una utilización de la capacidad instalada que apenas supera el 29%, el nivel más bajo de toda la industria manufacturera. En este contexto, ya se perdieron más de 20.000 PyMEs desde la asunción del gobierno de Javier Milei, un dato alarmante que refleja el deterioro acelerado del entramado productivo argentino.

Reafirmamos que no hay desarrollo posible sin industria nacional, sin trabajo argentino y sin un Estado que cuide a quienes producen. La solución no es enfrentar a trabajadores con consumidores, sino construir un modelo económico que haga competitiva a la industria bajando impuestos, fortaleciendo el mercado interno y promoviendo el valor agregado local.