Una multitud de fieles celebró el día de San Expedito en Balvanera

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Desde la madrugada, miles de devotos de San Expedito, uno de los santos más populares de la Iglesia Católica, se congregaron en la parroquia Nuestra Señora de Balvanera, ubicada en Bartolomé Mitre 2411, en la zona de Once, que dejará sus puertas abiertas para el ingreso de peregrinos durante 24 horas.

Una multitud de fieles concurrió este martes a la parroquia Nuestra Señora de Balvanera para venerar a San Expedito, el patrono de las causas justas y urgentes, y agradecer por las promesas concedidas y sumar sus pedidos urgentes, durante una celebración que recuperó la presencialidad tras dos años de pandemia, bajo el lema “San Expedito, ayúdanos a trabajar por la paz”.

Trabajo, salud, prosperidad y fuerza para sobrellevar momentos difíciles son algunos de los pedidos más reiterados al patrono de las causas justas y urgentes por sus fieles, que se acercaron a dejar estampitas, cartas y velas frente a su imagen en el templo.

“Trato de no fallarle nunca y venir siempre todos los meses. Cuando no puedo venir igual le prendo una velita desde mi casa, nunca me olvido”, expresó Cristina (68), quien cada mes viaja desde la localidad bonaerense de José C. Paz para agradecerle al santo.

“Le pedí trabajo para mi hijo, que lo necesitaba mucho, y también le pedí por problemas que tenía en casa y me lo concedió. Así como él cumplió con nosotros, ahora nosotros tenemos que cumplir con él”, aseguró la mujer tras visitar el santuario.

San Expedito se celebra cada 19 de abril, pero tanto en 2020 como en 2021 debió suspenderse la multitudinaria convocatoria debido a la pandemia de coronavirus.

Este año, una multitud de fieles se acercó a lo largo de la jornada, la mayoría con tapabocas, algunos acompañados, otros en soledad y hay también quienes llegaron desde distintas provincias del país, algunos con remeras, banderas, pañuelos y pulseras de San Expedito.

“Es increíble la cantidad de personas este año, me emociona muchísimo ver que cada vez hay más creyentes que vienen”, manifestó Zulma (65), y agregó: “Es lo que nos hace falta a todos, creer en algo, pedir y ser más buenos”.

“A San Expedito lo sigo siempre, está presente en todas mis oraciones y cada año vengo en este día. Tuve la suerte de que me concediera mis pedidos y eso me marcó muchísimo”, expresó la mujer, quien aseguró que, entre sus plegarias, pide “por el mundo entero, que tanta falta le hace”.

Previo a presidir la misa de las 13, el cardenal Mario Poli le habló a los fieles que esperaban recibir la bendición frente al escenario armado fuera de la parroquia, con las manos en alto, velas y ramos de Olivo.

Bajo el lema “San Expedito ayúdanos a trabajar por la paz”, el cardenal pidió por “la paz en el mundo” y llamó a todos los fieles, que son “artesanos de la paz”, a luchar por las causas justas y la paz en tres niveles: la personal, en el ambiente como el trabajo o la familia y la paz mundial.

“Me generó mucha emoción el lema de este año y sobre todo cuando el Padre habló de la guerra entre Ucrania y Rusia, algo tan actual que refleja la necesidad de la paz en el mundo”, dijo Ariel, un estudiante de 22 años de la Universidad de Buenos Aires.

“Vengo todos los años porque para mi es muy importante, tengo mucha fe en él, cada vez que le pedí algo, cumplió”, aseguró Ariel acerca de San Expedito, quien es considerado también patrono de los jóvenes y socorro de los estudiantes.

El programa de actividades de la jornada comenzó con una misa de apertura a medianoche y desde las 6 de la mañana se da una misa cada hora, hasta las 18 que será la misa final en la parroquia Nuestra Señora de Balvanera.

Para ingresar al santuario, los peregrinos conforman dos filas: una más lenta para tocar la imagen de San Expedito que se despliega sobre la calle Azcuénaga hasta Presidente Perón y tiene una extensión de dos cuadras; y otra, sobre la calle Bartolomé Mitre, por donde se puede entrar y salir sin tocar al santo.

“El Santuario de San Expedito es un lugar sagrado. En el 2004 se descubrió una imagen de San Expedito detrás del altar mayor. En ese año se la expuso a la veneración del pueblo y desde el 2004 miles y miles de peregrinos se acercan a nuestro Santuario para pedir bendición, para pedir por las causas justas y urgentes”, explicó Walter Marchetti, párroco de Nuestra Señora de Balvanera, del Santuario de San Expedito.

“San Expedito es un soldado, un general romano que vivía en el siglo tercero y que le dijo sí a Dios. El demonio le decía ‘mañana te convertís, deja para mañana la fe’ y él en su interior abrazó la cruz que dice ‘hoy quiero ser cristiano y quiero seguir a Jesús'”, añadió Marchetti.

“El año pasado justo fue la segunda ola, y se cerró todo durante 15 días. Teníamos todo preparado para abrir con precauciones y el Gobierno de la Ciudad nos pidió que cerremos. Hoy es una linda fiesta. La gente necesitaba volver después de dos años”, dijo el padre Tomás, del Santuario San Expedito, quien explicó que la idea “es trabajar lo concreto que puede hacer cada uno para alcanzar la paz”.

ORIGEN DE SU DEVOCIÓN

Según una tradición católica, san Expedito era comandante de la Legión XII Fulminata; ello significa que era un tribuno militar, es decir un oficial militar dentro de la organización estatal del imperio, con mando sobre un cuerpo de tropas que le dependía directamente. La legión de san Expedito estaba desplegada en Armenia y alternaba su misión principal de luchar contra los pueblos que el Imperio Romano consideraba bárbaros y custodiar los confines del imperio, con otras tareas que realizaban las tropas de ocupación romanas.

Cuenta la tradición que la legión XII venía luchando desde hacía tiempo bajo las órdenes de su comandante, y que se encontraba ya sin alimentos, agua, ni provisiones, en un territorio bajo control del enemigo. Fue así como tuvieron que dar batalla sin tener las energías para hacerlo. Expedito intentó levantar la moral de sus legionarios hablándoles, pero nada logró esta vez. Sin fuerzas, ni provisiones, ni alimentos y con el enemigo en las proximidades ya nada podía hacerse.

Sin embargo, en ese momento, los soldados romanos que habían visto muchas veces como procedían los cristianos cuando debían enfrentar la muerte que ellos mismos les causaban, obraron de forma similar. Para sorpresa de su comandante, los soldados comenzaron a elevar sus brazos hacia el cielo, pidiendo ayuda a ese Dios único de los cristianos del que habían escuchado hablar y que sabían que realizaba milagros. Pero más sorprendidos resultaron sus enemigos, que jamás habían visto una legión completa realizando aquel gesto y rogándole a Dios en pleno campo de batalla. Mientras el enemigo atónito y sin entender lo que estaba sucediendo se detenía, todo el cielo se oscureció y descendió sobre el campo de batalla un tremendo vendaval de viento y agua que cubrió tanto a los combatientes como a sus animales de carga y de lucha. Fue en estas circunstancias que la legión entera logró recomponerse y aprovechando la situación pudo salir victoriosa de esa contienda.

Luego de la batalla, muchos soldados se convirtieron a la fe cristiana; sin embargo Expedito seguía sin comprender lo que ocurría, aunque su corazón sabía que Dios lo estaba llamando, y que se había acordado de él y de sus hombres en las críticas circunstancias descritas. Su puesto en el ejército no era compatible con la conversión al cristianismo, ya que esto significaba un abierto desafío a la autoridad del emperador. Al enterarse el emperador Diocleciano de estos hechos envió órdenes para que se pusiera fin de inmediato a lo que consideraba una revuelta militar. Aunque muchos de sus soldados y amigos se habían convertido, Expedito continuaba con dudas: no se decidía entre su carrera militar y el llamado que indudablemente estaba recibiendo desde los cielos. Finalmente, un día Expedito decidió cambiar de vida y convertirse. En ese momento, es cuando se le aparece el Espíritu del mal en forma de cuervo y le grita en latín «¡Cras, cras, cras!» (mañana, mañana, mañana’), con la intención de prolongar su indecisión y evitar su conversión. Pero Expedito reaccionó enérgicamente aplastando al cuervo con un pie, gritando: «¡Hodie, hodie, hodie!» (‘hoy, hoy, hoy’).

Es entonces cuando Expedito decidió ser cristiano. Luego de su conversión, comenzó a proteger a los cristianos que eran llevados a los circos romanos para ser devorados por leones. Pero el emperador no podía tolerar que un comandante de legión desafiara sus leyes y que se hubiera convertido al cristianismo. Por esta razón fue detenido e interrogado, junto con otros compañeros de armas que también se habían convertido a la fe. El 19 de abril del año 303, Expedito fue sacrificado por orden del emperador en Melitene, junto con Cajo, Gálatos, Hermágoras, Aristónico y Rufo. Se impuso la pena de flagelación, se le dio a los reos la oportunidad de arrepentirse y, posteriormente, como se rehusaron fueron decapitados.