La Televisión Argentina: 70 años no es nada

0
63

El 17 de octubre de 1951 se realizaba en la Plaza de Mayo en Buenos Aires un acto que sería recordado por dos razones: por una parte sería una de las últimas apariciones públicas de Eva Perón y además sería el día inaugural de la televisión en la Argentina. A setenta años de aquel acontecimiento repasamos la historia de la “pantalla chica” en nuestro país.

Por Daniel De Marco

Señal de ajuste: primeros pasos en el mundo
Los inicios de la televisión como medio de comunicación deben rastrearse en la década de 1920 con los trabajos desarrollados por el escocés John L. Baird que desarrolla un sistema de transmisión electromecánico: en 1926 realiza la primera demostración pública de su invento, al año siguiente la BBC realiza la primera transmisión de prueba con dicho sistema y en 1928 Baird logra realizar la primera transmisión televisiva en colores. Si bien países como Gran Bretaña y Alemania adoptan su sistema, pronto queda relegado por un nuevo sistema de exploración electrónica basado en el “iconoscopio” del ruso Vladimir Zvorykin y el estadounidense Philo Farnsworth, teniendo en los receptores el “tubo de imagen” desarrollado por el italiano Guillermo Marconi, con el cual se obtiene una definición muy superior (405 líneas por imagen contra las 240 del sistema de Baird). Las primeras emisiones con programación se realizan en Inglaterra (1936), Francia (1937) y EE.UU. (1939).


La pantalla chica llega a Argentina
Durante las décadas de 1930 y 1940 algunos técnicos realizan en nuestro país transmisiones de prueba con pobres resultados: la televisión es vista como un producto extravagante y sin posibilidades comerciales en comparación con la radio o el cine que reinan indiscutiblemente en las preferencias del público. Sin embargo hay un empresario que pone su mirada en el nuevo invento: Jaime Yankelevich, un inmigrante búlgaro propietario de LR3 Radio Belgrano, que viaja en 1935 a Gran Bretaña para tomar conocimiento del nuevo medio y afirma en una entrevista de ese mismo año a la revista Sintonía que “en seis meses habrá televisión en la Argentina”.(1)

El deseo de Yankelevich se verá postergado por más de quince años: en 1950 realiza un nuevo viaje a EE.UU. para interiorizarse acerca del negocio televisivo en aquel país y para comprar equipamiento. Como se trata de una inversión riesgosa y elevada Yankelevich solicita auxilio financiero del Estado Nacional al presidente Juan Domingo Perón, probablemente en busca de una “devolución de favores” por haber concedido la estatización de su emisora radial en 1948, de la cual no obstante sigue siendo gerente. Si bien Perón no demuestra mayor entusiasmo con el proyecto, quien sí da un respaldo decisivo es su esposa Eva, que conoce a Yankelevich por haber trabajado en Radio Belgrano durante su etapa como actriz y que ve perspectivas interesantes para el medio. A comienzos de 1951 el empresario vuelve a viajar a EE.UU. y compra equipos de transmisión Standard Electric; también se compran en ese país los primeros receptores marcas Capehart y Standard Electric y se ordena la construcción de una torre transmisora de 50 metros de altura en el edificio del Ministerio de Obras Públicas.

17 de Octubre de 1951: se inaugura oficialmente la televisión en la  Argentina | Ministerio de Cultura
El presidente Juan Domingo Perón en 1951


Luego de algunas emisiones de prueba, el 17 de octubre de 1951 se realiza la transmisión inaugural del nuevo medio de comunicación, en ocasión de la celebración del Día de la Lealtad Peronista; para la misma se colocan tres cámaras en el primer piso del edificio del Banco de la Nación Argentina que enfocan hacia el balcón de la Casa de Gobierno desde donde hablan el Presidente y su esposa Eva Perón(en la que sería una de sus últimas apariciones en público) y hacia la multitud reunida en la Plaza de Mayo. Los pocos televisores que emiten estas primeras señales están ubicados casi en su totalidad en las vidrieras de los comercios del centro porteño. De esta manera Argentina es el cuarto país latinoamericano en incorporar la televisión después de México, Brasil y Cuba (que lo hicieron un año antes).


Dos semanas más tarde inicia sus transmisiones regulares LR3 Radio Belgrano TV-Canal 7, realizándose el 3 de noviembre la primera transmisión en directo de un partido de fútbol con el enfrentamiento entre San Lorenzo y River Plate en el “Gasómetro” de Avenida La Plata. La transmisión (dirigida por el propio Jaime Yankelevich) es auspiciada por YPF y se realiza con dos cámaras, ubicadas en la tribuna detrás de cada arco. (2) A partir de allí Canal 7 inicia sus transmisiones con una programación fija en dos franjas horarias (de 16 a 19 hs. y de 21 a 23 hs.), teniendo sus primeros estudios en el teatro del hotel Alvear.


Desde el comienzo existe una estrecha relación entre la radio y la televisión: como lo indica su propio nombre el primer canal de la televisión argentina nace como un “brazo” o extensión de la estación radial de Yankelevich; su primer director artístico es Enrique Susini (recordado como uno de los “locos de la azotea” que realizaron la primera transmisión de radio en nuestro país en 1920); y especialmente porque las primeras figuras del nuevo medio(Guillermo Brizuela Méndez, Nelly Prince, Juan Carlos Rousselot, Colomba, entre otros) provienen mayormente de la radio, a los que pronto se incorporarán otras dos figuras emblemáticas: Lidia Satragno (“Pinky”) y Jorge “Cacho” Fontana.

En abril de 1953 sale al aire el “Primer Telenoticioso Argentino”, conducido por Carlos D’Agostino. Muchos de los espacios de transmisión son pagados por agencias de publicidad o empresas tanto para la emisión de avisos comerciales como para el auspicio de programas (“La Cabalgata Deportiva Gillette”, “Odol Pregunta”, “La Familia Gesa”). La programación de aquellos primeros años se centra en el entretenimiento y es íntegramente en vivo, con lo que cualquier error o inconveniente sale inevitablemente al aire, generando innumerables anécdotas que aportan “color” a la pantalla monocroma, como estas:


“Una mujer -una vez- me acuerdo: muy mona, muy simpática, muy bien vestida y todo, le dieron un aviso para hacer, y se puso a decir el aviso, y por ahí se olvidó. Y entonces empezó a mirar despavorida para todos lados, y no se acordaba una sola palabra…Y se puso a llorar” (Guillermo Brizuela Méndez, locutor y conductor) (3).


“Nosotros trabajábamos en el estudio C del Canal 7, que era de tres metros por tres metros. Eramos veintitantos locutores ahí adentro. Cada uno en su stand. Una locura. Me acuerdo el día en que Nelly Prince tuvo que hacer la demostración de una licuadora. Abrió una lata de arvejas, las colocó dentro del vaso, puso en marcha la licuadora y no le había puesto la tapa. Imaginate cómo salieron esas arvejas. Todo el mundo hizo cuerpo a tierra. Otra vez, el Negro Brizuela Méndez tenía que pasar el aviso de medias Huemul. Lo hacía recostado en una silla reclinable con las patas apoyadas en un escritorio. Se fue para atrás la silla, y con ella el Negro, que se quedó colgado con las dos piernas sobre el escritorio como un trapecista”. (Colomba, locutora y conductora) (4).

“(El actor Ernesto Bianco) tenía que salir al aire a las 19 horas y tenía teatro a las 21. Como había tres cámaras nada más había que esperar el paso de las cámaras y este hombre estaba haciendo un policial, miraba el reloj y decía: ‘muchachos, miren que tengo teatro…’(…) Ocho y cuarto va al aire y el programa duraba media hora, y al final Bianco moría acribillado a balazos en una suerte de callecita que habíamos construido, y su final era caer de bruces, ahí terminaba su historia y de ahí se tenía que ir al teatro en un taxi o remis. Pero al director (…) le pareció que la escena era maravillosa(…) y nadie le dijo a Bianco: ‘vamos a mandar los cartones de cierre sobre tu imagen de muerto’. Ponen los cartones y él se levantó, empezó a sacudirse la tierra mientras iban los cartones…’¡chau muchachos- grita él- gracias!’(…) y alguien le dice por lo bajo: ‘¡quedate piola que estás muerto!’ y él se mira y se tira de nuevo”. (Jacinto Pérez Herrera, productor)(5).


En esta etapa el nuevo medio, al no concitar inicialmente la atención de referentes consagrados en los medios ya establecidos, constituye un importante campo de formación y experimentación especialmente entre el personal técnico, donde realizan tareas de todo tipo y llegan rápidamente a la producción y dirección integral de los programas: en así surgen productores que se destacarán en el medio como Carlos Montero, Nicolás del Boca y Edgardo Borda.


Durante la década de 1950 Canal 7 será la única señal de televisión existente en la Argentina, quedando bajo la administración del Estado Nacional.


Llegan los canales privados: lo importante es competir
En 1960 ocurren dos acontecimientos destacados: comienza a utilizarse el “video tape”, lo que contribuye no sólo a una mayor “prolijidad” en la elaboración de los programas sino también a su distribución para la emisión en las nuevas señales que surgen en el territorio argentino. El otro hecho destacado es que inician su transmisión los primeros canales privados en la Capital Federal (Canal 9 en el mes de junio y Canal 13 en octubre), a los cuales se sumará el Canal 11 un año más tarde. Los primeros adjudicatarios de las licencias de estos canales son Compañía Argentina de Televisión-CADETE (Canal 9, que cuenta con accionistas vinculados a la industria cinematográfica, encabezada por el publicitario Kurt Lowe); Río de la Plata TV(Canal 13, dirigida por el cubano Goar Mestre e integrada por dirigentes de la Unión Cívica Radical del Pueblo y miembros del sector agroganadero) y DICON S.A.(con apoyo de adherentes a la Iglesia Católica, encabezada por el sacerdote jesuita Héctor Grandinetti).

En sus primeros años los tres canales privados porteños se asocian a cadenas estadounidenses para afrontar las grandes inversiones que aquellos requieren (PROARTEL, la productora de contenidos de Canal 13, se asocia con el grupo CBS-Time Life; Canal 9 hace lo propio con la NBC y Canal 11 con la ABC). Comienza una etapa de enorme expansión del medio gracias a la intensa competencia promovida por los nuevos canales que inundan las pantallas tanto de contenidos locales (comedias, novelas, transmisiones deportivas, programas “ómnibus” de entretenimientos que duran toda una jornada) como extranjeros (principalmente las series producidas por las cadenas norteamericanas). Aparecen las primeras figuras que baten récords de “rating” como el comediante Pepe Biondi y el conductor Nicolás “Pipo” Mancera. Aunque desde algunos sectores se cuestiona el contenido de la programación televisiva por considerarla superficial, también sobresalen por su calidad ciclos como “Cosa Juzgada” protagonizado por el grupo Gente de Teatro de David Stivel. Se consolida un modelo de televisión centrado en los canales porteños como generadores y proveedores de contenidos para abastecer a los canales del resto de la Argentina.

17 de octubre: Día de la Televisión Argentina | Filo News


Televisión color, tiempos grises
Para 1970 las cadenas norteamericanas se retiran del negocio televisivo argentino y los canales privados porteños pasan a ser de capitales íntegramente nacionales: el locutor y empresario Alejandro Romay se convierte en el principal accionista de Canal 9, desde donde lanza una agresiva programación íntegramente local bajo la consigna de “librar la batalla contra el dólar”(en alusión a la preeminencia de las producciones norteamericanas); Héctor Ricardo García(dueño del diario “Crónica” y Radio Colonia) traslada su estilo periodístico al Canal 11, que es rebautizado como “el Canal de las Noticias” y Goar Mestre incorpora como socios de Canal 13-Proartel a los hermanos Vigil, dueños de la Editorial Atlántida. A los anteriores se suma el Canal 2 de La Plata, inaugurado en 1966 y propiedad de Radio Rivadavia.

La competencia por la conquista del rating se vuelve más encarnizada al tiempo que cambian los tiempos políticos en la Argentina con el regreso del peronismo. En abril de 1973 expiran las licencias de los canales 9,11 y 13, y el nuevo gobierno debe decidir si realiza un nuevo concurso para su adjudicación: si bien el presidente Perón expresa inicialmente su voluntad de que los canales sigan en manos privadas (contrariamente a lo que había sucedido en su gestión precedente, donde todos los medios de comunicación estaban bajo el control de su Secretario de Difusión Raúl Apold), tras su fallecimiento el poderoso ministro de Bienestar Social(y virtual jefe de gobierno) José López Rega ordena en 1974 la intervención de los tres canales, que quedan bajo la órbita del Estado Nacional junto al pionero Canal 7(que en 1979 se fusiona con Argentina78 TV para formar ATC). Comienza un periodo de chatura para la televisión argentina sólo matizada por el inicio de las transmisiones en color (iniciadas en 1978 con motivo del Mundial de Fútbol aunque sólo para el exterior, y en forma oficial para nuestro país en 1980), con programaciones de escaso nivel y una espuria competencia entre canales del mismo dueño (el Estado, bajo el poder político de turno). Esta etapa se extenderá durante los años de la dictadura militar instaurada en marzo de 1976 y el gobierno de Raúl Alfonsín.

A 40 años de la llegada de la televisión a color en Argentina | Argentores
La conductora Pinky durante la primera transmisión a color, el 1º de Mayo de 1980 


Reprivatización y después…
A mediados de la década de 1980 dos señales televisivas vuelven a manos privadas: Canal 9(recuperada por Alejandro Romay en 1984) y Canal 2(adquirida por Radiodifusora El Carmen con programación aportada por Estrellas Producciones de Héctor R. García). Estos canales ganan rápidamente el favor del público reeditando en líneas generales propuestas exitosas en la anterior etapa privada, superando ampliamente a los otros canales que continúan en manos del Estado. En 1989 el gobierno de Carlos Menem lanza una nueva licitación para los canales 11 y 13, que pasan a ser adquiridos por Televisión Federal S.A. (TELEFE) y Artear (del grupo Clarín), respectivamente. Con el ingreso de los nuevos privados se produce un reverdecer del medio semejante al de la década de 1960, con programaciones renovadas y en sintonía con el clima “festivo” que intenta imponer el nuevo gobierno. Este es el modelo que se ha mantenido hasta nuestros días, quedando los canales 11 y 13 con los mismos licenciatarios, en tanto que Canal 9 permanece en manos del “Zar” Alejandro Romay hasta 1997, para luego cambiar varias veces de dueño hasta ser adquirido en noviembre de 2020 por el Grupo Octubre del sindicalista Víctor Santa María. Canal 2 de La Plata por su parte es adquirido en 1991 por el Grupo América, pasando a llamarse desde entonces América TV.


Un momento de meditación
Cuando comenzaron aquellas transmisiones pioneras de 1951, con más espectadores en las vidrieras de los negocios que en los hogares, pocos imaginaban en nuestro país que este nuevo medio llegaría a superar en popularidad a la radio y al cine, como se señalara previamente. Mucho se ha discutido desde entonces acerca de sus bondades y de sus defectos: en los años sesenta, con la llegada de la televisión privada, se lanzarían los primeros cuestionamientos hacia la “caja boba” como algunos la bautizaron despectivamente, demonizando al medio en sí mismo más que a los contenidos que sus promotores ofrecían.

Lo que sí se podría objetar es el criterio errático con el que el Estado argentino se condujo históricamente con relación al medio televisivo: por una parte nunca se encuadró al canal 7(la única señal que estuvo permanentemente en sus manos) en el marco de una política cultural consistente, confundiéndose más bien su carácter de “Canal del Estado” con el de “Canal del Gobierno”, oficiando en numerosas oportunidades de portavoz de la gestión de turno y restringiendo o impidiendo la expresión de voces disidentes (con la posible excepción de la presidencia del Dr. Alfonsín, donde el gerente de noticias del canal estatal pertenecía al principal partido de la oposición); en cuanto al resto de los canales el régimen de otorgamiento de licencias hizo que el Estado dejara en manos de los concesionarios la responsabilidad de la conformación de los contenidos con la esperanza de que la competencia estimulase la cantidad y la calidad de los programas. En ese sentido los medios privados no fueron mucho más lejos de lo esperable: privilegiar el impacto masivo, utilizando muchas veces una suerte de demagogia mediática para alcanzar los mayores niveles de audiencia.

Otra crítica al desenvolvimiento histórico de la televisión tiene que ver con la generación de una estructura centralista que concentró a las productoras más importantes en la ciudad de Buenos Aires, relegando a los canales del resto de la Argentina en la mayoría de los casos al papel de meras repetidoras de contenidos porteños, sin que se diera la posibilidad de que productoras del interior accedan a emitir contenidos propios tanto en la Capital como en el resto del país.


La televisión argentina de hoy padece desde hace varios años de un notorio estancamiento: ha dejado de ser el medio preferido por las nuevas generaciones que se sienten más atraídas por lo que pueden encontrar en Internet; los canales de aire apuestan a lo seguro, siguiendo esquemas con programas que se copian y/o repiten y han dejado de invertir en producciones de ficción (que quedan a cargo de productoras independientes que optan por otras vías de difusión como canales de cable o Netflix).


No obstante estas consideraciones también debemos reconocer que la televisión logró ganar y ocupar un rincón no menor en el afecto de la gente: muchos de nosotros aún guardamos gratos recuerdos vinculados a programas, artistas o conductores; hasta es posible para muchos recordar con exactitud dónde se encontraban cuando se transmitía la llegada del Hombre a la Luna o cuando Maradona selló su obra cumbre en el Mundial de 1986 con su imborrable segundo gol a Inglaterra. Frente a la alicaída pantalla de hoy, con sus programaciones chatas y sus ratings anémicos, seguramente hay una nueva generación que sueña con crear una nueva televisión, con formas renovadas pero con el mismo espíritu de aventura que tuvieron aquellos pioneros a comienzos de los años cincuenta, cuando “la magia de la televisión” hacía creer que a través de ella todo era posible…

(1) “Entrevista a Jorge Nielsen”(sobre la historia de la TV argentina), por Felipe Pigna y Roberto Martínez

https://www.elhistoriador.com.ar/entrevista-a-jorge-nielsen-por-felipe-pigna-y-roberto-martinez/


(2) “Fútbol por TV: matrimonio por conveniencia”, por Pablo Alabarces y María Laura Güembe, revista “Todo es Historia”(Octubre 2001)


(3) “DNI: Historia de la TV argentina” (programa de TV-1997)
https://www.youtube.com/watch?v=Pz1Azvx1LEE&t=722s


(4) “Por la vuelta”-entrevista en suplemento “Las 12”-Página 12, 18/05/2001
https://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Las12/01-05/01-05-18/NOTA3.HTM


(5) “Historia de Canal 7” https://www.youtube.com/watch?v=WMm_JuUzgUA