Ochenta años de “Citizen Kane”: la eterna juventud de una obra genial

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El 1° de Mayo de 1941 se realiza en la ciudad de Nueva York la premiere de “Citizen Kane”, ópera prima de Orson Welles, un talentoso actor y director de 26 años, que para ese momento cuenta con una rica trayectoria artística.

Por Daniel De Marco

Orson Wells

“Hollywood llamando a Orson…”
Ya en 1934 (con sólo 19 años) debuta como actor en la compañía teatral de Katherine Cornell y en 1937 funda su propia compañía “Mercury Theatre” con la cual no sólo realiza puestas en escena sino que también produce un programa radial para la cadena CBS. Al año siguiente se emite para dicho ciclo una versión de “La Guerra de los Mundos” de H. G. Wells. La adaptación radiofónica realizada por Orson Welles consiste en la simulación de un noticiero que narra “en tiempo real” una invasión extraterrestre, lo que genera conmoción en gran parte de la audiencia que cree estar escuchando un relato verídico, desconociendo que se trata de una ficción.


Estos antecedentes convencen a algunos productores en Hollywood acerca del potencial creativo del joven artista y de sus posibilidades en el séptimo arte, aún cuando solo había realizado “Heart of Ages” (Corazón de las Edades), un corto experimental protagonizado por el propio Welles junto a su esposa Virginia Nicolson, y “Too much Johnsons” (Demasiados Johnson).

Tras rechazar ofrecimientos de Warner Bros. Welles firma un inusual contrato con RKO en 1939 que le garantiza la realización de dos largometrajes con total control artístico por parte del director a condición de la aprobación por parte del estudio cinematográfico de los guiones y de los presupuestos (con un tope de U$S 500.000 por película). Tras algunos intentos infructuosos, Welles comienza a bosquejar el argumento de su primer film con el guionista Herman Mankiewicz, autor que ya había aportado guiones para su ciclo radiofónico.

Silencio: Genio trabajando
La historia de “Citizen Kane” (“El Ciudadano Kane” o “El Ciudadano”, como se la conoció en Argentina) está centrada en la persona de Charles Foster Kane, un magnate de los medios de comunicación.

El film comienza con dos placas negras y texto en blanco, sin sonido de fondo (la primera reza: “Una producción Mercury por Orson Welles” y la segunda el título del film), continúa con un progresivo ingreso en medio de una noche neblinosa a “Xanadú” (la mansión de Kane) hasta llegar al dormitorio del empresario, quien pronuncia una palabra antes de morir: “Rosebud”. A continuación y abruptamente comienza “News on the March”, un noticiero cinematográfico que al son de una marcha estruendosa y una locución vibrante da cuenta del fallecimiento de Kane y efectúa una reseña de su vida. Al finalizar el noticiero se puede apreciar que su proyección ha sido presenciada por un grupo de periodistas que comienzan a debatir acerca del difunto; en ese momento el productor del informativo recuerda el episodio en el que Kane pronuncia su enigmática palabra final y encomienda a uno de sus reporteros que investigue su significado.

Kane y Susan Alexander (Dorothy Comingore)

A partir de allí la historia refleja los encuentros que el periodista mantiene con las personas que conocieron al empresario de medios, lo cual hace que la biografía de Kane se aleje del relato convencional (la narración biográfica en sentido lineal y unilateral), proponiendo en cambio al espectador una visión “poliédrica” en el que cada narrador da su propia visión acerca de Kane, elementos que (como en la vida real) pueden ser diferentes y contrapuestos (no es un detalle menor que Welles represente una investigación periodística para tratar sobre un referente de los medios de comunicación).


Pero lo innovador de Citizen Kane no se limita al aspecto narrativo: también presenta singulares abordajes en el plano visual y sonoro. En el primer aspecto Welles cuenta con la inapreciable colaboración del reconocido camarógrafo Gregg Toland; Welles recordaría años más tarde su sorpresa ante el ofrecimiento del propio Toland para hacerse cargo de la fotografía de su ópera prima, argumentando que él no tenía experiencia alguna en el cine, a lo que Toland respondió: “por eso mismo quiero trabajar con vos”. Toland sabe que Welles le brindará la más absoluta libertad para experimentar con el uso de las cámaras, empleando recursos propios del cine expresionista alemán de los años 20 como el “deep focus” o “profundidad de campo”, juegos de contraluz, la filmación con grúas para “acercar” al espectador hacia un punto de la pantalla o la ubicación de cámaras a ras del suelo para
que se pueda ver la totalidad de la escena, incluyendo el techo (llegando al extremo de romper el piso del estudio para lograr el
ángulo deseado).

En cuanto a lo segundo, Welles se vale de recursos propios de la radio como hacer que dos o más personajes se
superponen al hablar o efectos sonoros como la simulación de eco en el salón principal de la mansión de Kane. Hasta el “trailer” diseñado para la presentación de “Citizen Kane” es atípico: en vez de armar un “collage” con escenas del film, el corto promocional comienza con la imagen de la sala de grabación de sonido de RKO para pasar luego a un micrófono colgante que es acercado hasta un primerísimo plano, al cual se dirige la voz grave y profunda del director y actor principal (que no es visto en ningún momento), presentando a sus compañeros de elenco en la trastienda de la filmación y dando una descripción elusiva y ambigua del protagonista.

Vale la pena mencionar al respecto que a excepción del propio Orson Welles el elenco de la película está integrado casi en su totalidad por actores de su compañía “Mercury Theatre”, desconocidos hasta ese momento para el gran público y sin experiencia previa en la pantalla grande, aunque con el tiempo algunos de ellos desarrollarán importantes carreras, como Joseph Cotten (protagonista entre otras películas de “El Tercer Hombre” y “La Sombra de una Duda”, esta última dirigida por Alfred Hitchcock) y Agnes Moorehead (recordada como Endora en la serie de TV “Hechizada”).

Harry Shannon, George Colours y Agnes Morehead


Welles inicia la filmación de Citizen Kane en Junio de 1940 y culmina a fines de ese mismo año. El proyecto (bautizado por el estudio con el nombre de trabajo “RKO 281”) es llevado a cabo en el más estricto secreto, lo cual incrementa la expectativa de la prensa especializada y despierta sospechas acerca de su contenido.

El ritmo de trabajo es febril: las jornadas duran de dieciséis a dieciocho horas (no sólo para la filmación en sí, sino también para el maquillaje de Welles en las escenas donde debe reflejar el envejecimiento del protagonista principal), comenzando a las cuatro de la mañana y con sesiones a veces accidentadas: en la filmación de una escena donde Kane se abalanza sobre la baranda de una escalera para increpar a un interlocutor, Welles tropieza con tan mala fortuna que cae desde una altura de tres metros, lo cual lo obliga a continuar dirigiendo durante las dos semanas siguientes en una silla de ruedas; en el rodaje de otra
secuencia, donde se hace un primer plano de un objeto consumido por el fuego, la repetición de las tomas hace que las llamas lleguen a tal magnitud que provoca el arribo de un cuerpo de bomberos, situación que divierte en gran manera al director. Nada ni nadie detiene al impetuoso Welles en su proeza. O al menos eso es lo que parece…


Cualquier semejanza con la realidad…
Faltando solamente ajustes en la banda sonora, RKO realiza en enero de 1941 un preestreno al cual es convocado un grupo de periodistas. La recepción en general es positiva; la única voz que se alza en contra es la de Hedda Hopper, cronista de “Los Angeles Times” que no había sido invitada a la exhibición y califica al film como “un ataque vicioso e irresponsable contra un gran hombre”. El “gran hombre” a quien se refiere Hopper es William Randolph Hearst, el poderoso dueño del más vasto conglomerado de medios de comunicación en los Estados Unidos. Al enterarse de que “Citizen Kane” estaría presuntamente inspirada en su persona, Hearst convoca a su empleada Louella Parsons (columnista de espectáculos y enconada rival de Hopper) para recriminarle por no haberlo puesto al tanto de la realización de la película y le exige que haga todo lo que esté a su alcance para que se impida su proyección.

Es así como Parsons comienza a ejercer presión sobre Orson Welles, sobre George Schaeffer (presidente de RKO) y luego sobre Louis Mayer (presidente de la Metro-Goldwyn-Mayer y amigo de Hearst).

Joseph Cotten, Orson Wells y Everett Sloane


Si bien Welles niega que Charles Foster Kane esté inspirado en una persona en particular, hay numerosos detalles de su personaje que coinciden con la historia personal de Hearst: el origen y expansión de su imperio mediático, el estilo sensacionalista de sus medios de comunicación y su utilización para influir no sólo en la opinión pública sino en las decisiones del gobierno de su país, sus ambiciones políticas(en la ficción Kane es candidato a gobernador del estado de Nueva York, en tanto que Hearst llegó a integrar la Cámara de Representantes de los EE.UU.), su progresivo aislamiento en una mansión repleta de objetos suntuosos(el “Xanadú” de Kane se asemeja enormemente a “San Simeón”, la virtual fortaleza construida por Hearst en California).


Pero probablemente el aspecto que más irrita al magnate mediático se relaciona con Susan Alexander, la segunda esposa de Kane, que remite a Marion Davies, actriz con la que Hearst convive desde 1919 en el castillo de San Simeón. Luego de transitar su carrera bajo el mentoreo de Hearst sin mayor éxito, Davies se limita a transcurrir su vida confinada en la mansión. En la ficción Susan Alexander es una mujer frágil e insegura manipulada por Kane, quien intenta impulsar como cantante lírica, a pesar de no contar con las cualidades necesarias. Kane promociona a Alexander insistentemente en sus medios y construye un teatro para que sea inaugurado con una ópera interpretada por la misma Susan, quien al poco tiempo no soporta la presión y entra en un colapso físico y emocional (expresado magistralmente en una escena donde se superponen las imágenes de Alexander cantando, los anuncios de sus actuaciones en los titulares de los diarios dirigidos por su esposo, y una lámpara eléctrica que comienza a fallar hasta apagarse totalmente). Luego de este incidente Kane promete a Susan que no la hará cantar más y la lleva
a vivir a “Xanadú”, donde transcurre su vida armando rompecabezas, hasta que decide abandonarlo. Al momento de ser entrevistada en el film, Susan Alexander trabaja como cantante (aunque ahora fuera de la lírica), resentida con su ex esposo y sumida en el alcoholismo.

Dorothy Comingore y Orson Welles


Otro elemento que inquieta a Hearst es la participación de Herman Mankiewicz como guionista del film, dado que éste conoce aspectos de la vida privada de Hearst y Davies por haber sido habitué durante bastante tiempo de las reuniones sociales organizadas por la pareja en San Simeón: de ese modo aspectos tales como la afición a los rompecabezas, la dependencia del alcohol e incluso la palabra “Rosebud” serían también atribuibles a la pareja del magnate. Para agregar otro problema, Mankiewicz se entera que el crédito total por el argumento será únicamente para el director, razón por la cual reclama ser incluido como co-guionista (historia que ha sido reflejada recientemente en la miniserie “Mank”). Faltando poco para el estreno de la película RKO resuelve acceder a la petición del escritor.

Finalmente, y tal como se señala al comienzo, “Citizen Kane” se estrena tres meses después de la fecha prevista, después de sortear los intentos de William R. Hearst por impedir su exhibición (que incluyen un ofrecimiento de U$S 800.000 dólares para comprar el film con la intención de destruir todas sus copias y negativos). Aunque no ha conseguido su objetivo, Hearst logra ejercer su enorme influencia prohibiendo cualquier mención sobre el film en los medios de su propiedad y presionando a numerosas salas cinematográficas para que no la proyectan. De esta forma la difusión de la película se ve notablemente limitada, obteniendo una repercusión leve que impide a RKO recuperar el dinero invertido.


Esta situación condiciona el siguiente proyecto de Welles (“The Magnificent Ambersons”, conocida en Argentina como “Soberbia”, de
1942), en la que RKO quita 44 minutos al montaje del director y hace filmar un final diferente sin su consentimiento (ya que Welles se encuentra en Brasil dirigiendo “It’s all true”, un documental a requerimiento de Nelson Rockefeller, accionista del estudio). La
carrera futura de Orson Welles como director estará signada por la tensión entre su permanencia en Hollywood, con toda la abundancia de recursos para filmar pero en permanente conflicto con la industria, y emigrar a Europa donde tiene absoluta libertad creativa pero debe ajustarse a recursos más limitados, situación que lo obliga a dejar algunos proyectos inconclusos (como su versión de “Don Quijote”). No obstante Welles logra hacer su lugar entre los directores más reconocidos de la historia del cine, produciendo otras obras magistrales como “Sed de Mal” (1958) o “Campanadas a Medianoche” (1965), además de actuar en innumerables películas a ambos lados del Atlántico.


Clásica y Moderna: un café con Borges, Kafka y el Rey Salomón
Si bien no fue un éxito de taquilla ni de crítica (debido en muy buena parte a los oficios de Mr. Hearst), “Citizen Kane” comenzó lentamente a ganarse un lugar de privilegio entre analistas, cineastas y el público amante del cine en general. Numerosas encuestas (como la realizada por la prestigiosa revista francesa “Cahiers du Cinema”) la consideran la mejor película realizada hasta el presente.


¿Qué hace que este film siga despertando interés al cabo de tantos años?
Al margen de sus innovaciones técnicas y narrativas, el argumento de “Kane” toca temas que la hacen aún vigente: el ideal norteamericano del “american way of life” y su encarnación en el “self-made-man”; los efectos del poder en la psiquis humana (la personalidad de Charles F. Kane podría encuadrar en fenómenos como el “trastorno de personalidad narcisista” o el “síndrome de Hubris”); la influencia de los medios de comunicación en la vida de las sociedades y en las decisiones de los gobiernos; y fundamentalmente un planteo acerca del sentido de la vida: Kane es un hombre obsesionado por controlar todo lo que está a su alcance, de modelar la vida de los otros en función de sus propios deseos e intereses y de poseer cada vez más cosas en un intento desesperado por atrapar algo que nunca logra alcanzar, para descubrir tristemente la futilidad de todo esto al final de sus días.


Precisamente uno de los primeros en emitir opinión acerca de “Citizen Kane” fue nada menos que Jorge Luis Borges, quien publicó en agosto de 1941 un artículo en la legendaria revista “Sur”(fundada por su amiga Victoria Ocampo y en la que además de Borges colaboraron otros escritores de la talla de Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sabato y Eduardo Mallea).

Orson Wells en 1939


Por lo que se desprende de una primera lectura la película no resultó del mayor agrado de nuestro ilustre escritor. Su crítica inicia
señalando la existencia de dos argumentos: califica al primero de “imbecilidad” y sin más relata el final de la película (un “spoiler”, como se dice actualmente, con lo cual se recomienda no leer la crítica borgeana si se tiene la intención de ver el film); a continuación sostiene: “el segundo es muy superior. Une al recuerdo de Koheleth el de otro nihilista: Franz Kafka. El tema (a la vez metafísico y policial, a la vez psicológico y alegórico) es la investigación del alma secreta de un hombre, a través de las obras que ha construido, de las palabras que ha pronunciado, de los muchos destinos que ha roto”. Si bien reconoce algunas virtudes en la fotografía, la califica como un “laberinto sin centro” y la cuestiona finalmente por inconexa y presuntuosa: “Adolece de gigantismo, de pedantería, de tedio. No es inteligente, es genial: en el sentido más nocturno y más alemán de esta mala palabra”.


Años más tarde, Orson Welles se refirió a esta crítica, mostrándose extrañado porque Borges hubiera calificado a su obra de “pedante” y afirmando que la historia trata efectivamente de un “laberinto sin salida”, para concluir: “Yo podría entender que él y (Jean Paul) Sartre simplemente odiaban a Kane. En sus mentes, ellos veían-y atacaban- algo más. El problema son ellos, no mi obra”. Lo que Welles probablemente no sabía al hacer estas declaraciones es que en una entrevista realizada en Italia muchos años después de la crítica publicada en “Sur” Borges volvería a referirse a “Citizen Kane” en términos mucho más amables, considerándola una excelente película a pesar de que no le había causado una buena impresión al verla por primera vez.

Ray Collins, Dorothy Comingore, Orson Welles y Ruth Warrick


Más allá de estas cuestiones, es interesante detenerse en la referencia que hace Borges al “Koheleth” (nombre hebreo del “Eclesiastés”, libro de la Biblia atribuido al rey Salomón), que es la narración en primera persona de un hombre anciano que asegura haber gozado de todos los bienes y placeres de este mundo para concluir que todo en la vida es un sinsentido, “vanidad de vanidades”.


Ese vacío, ese “correr tras el viento” se traduce en una serie de amargas reflexiones en las cuales reconoce que nada es suficiente
para contentar al ser humano que vive centrado en sí mismo. Su experiencia bien puede compararse a la de Charles Foster Kane,
aunque con una diferencia: Kane vivió siempre imponiendo sus deseos y tratando de llenar su vacío interior con bienes materiales,
como si buscara en ellos la pieza de un rompecabezas que nunca lograría completar, muriendo en la más absoluta soledad.

Para El “Koheleth” o “Predicador”, en cambio, hay una sola cosa que puede completar el “rompecabezas” de la existencia humana y lo expresa al final de su discurso: “Honra a Dios y cumple sus mandamientos, porque eso es el todo del hombre” (Eclesiastés 12:13, DHH). De ser así, Mr. Kane siempre buscó la respuesta en el lugar equivocado…