SIAM, la primera megaempresa Argentina

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La Marca que nunca se fue, sino que se reinventó como la Argentina, muchas veces.

Por Daniel De Marco

La antigua fábrica de Avellaneda

Buenos Aires, 1910. La “Reina del Plata” brilla en todo su esplendor por la celebración del centenario de la Revolución de Mayo, para el cual el gobierno conservador de José Figueroa Alcorta ha dispuesto grandes festejos, y al mismo tiempo es testigo desde algunos años atrás de conflictos gremiales en los que la creciente masa obrera reclama mejores condiciones laborales. Ese año se produce una huelga de panaderos que produce como consecuencia el dictado de una ordenanza municipal exigiendo la instalación de una amasadora mecánica en cada panadería de la ciudad. En la Argentina de inicios del Siglo XX no hay empresas que puedan suministrar la cantidad de máquinas necesarias para cumplir con la disposición, por lo que parece inevitable su importación.

Sin embargo un joven inmigrante italiano de 18 años llamado Torcuato Di Tella ve la oportunidad y se asocia a los hermanos Alfredo y Guido Allegrucci (mecánicos y compatriotas de Di Tella) para alquilar un local en la calle La Rioja al 100 y fabricar amasadoras de calidad superior a las extranjeras (con la expectativa de abastecer las 700 amasadoras requeridas por el municipio porteño más unas 5.000 en el resto del país). El producto es patentado con la sigla SIAM (Sociedad Industrial de Amasadoras Mecánicas) y se transforma en un éxito.

Visión y acción del “Ingegnere Torcuato”
Poco tiempo después los hermanos Allegrucci se desvinculan del proyecto y Torcuato queda solo al frente de la naciente empresa. En 1915 Di Tella vuelve a Italia para combatir en la Primera Guerra Mundial y a su regreso retoma la actividad empresarial y completa la carrera de Ingeniería en la Universidad de Buenos Aires. La década de 1920 encuentra a la Argentina en pleno desarrollo de la actividad petrolera impulsada desde Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) por el General Enrique Mosconi. Con la experiencia adquirida por su emprendimiento inicial con las amasadoras, SIAM (que ahora pasa a ser “Sociedad Industrial Americana de Maquinarias”) comienza a fabricar surtidores de nafta, consiguiendo en 1923 un acuerdo de licencia para su fabricación en los Estados Unidos y logrando en 1926 un acuerdo con YPF para el suministro de surtidores para su red de estaciones de servicio en todo el país, a razón de 200 surtidores por mes.

La franca expansión de SIAM lleva a la compra en 1928 de un lote de diez hectáreas en Avellaneda para la construcción de una nueva y moderna planta fabril. El estallido de la crisis económica global en 1929, la caída al año siguiente del gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen y la renuncia de Mosconi en YPF afectan notoriamente la actividad de la empresa, razón por la cual incorpora la fabricación de electrodomésticos hogareños (planchas, ventiladores, lavarropas), abriendo concesionarios en todo el país que ofrecen planes de pago en cuotas mensuales para su adquisición. De todos ellos el más popular es indudablemente la heladera eléctrica (con su inconfundible palanca con “bolita”) que comienza a fabricarse en 1935; la demanda de las heladeras llega a ser tan alta que tardan hasta un año en ser entregadas.

Torcuato Di Tella


Entrando en la década del 40 la empresa continúa su senda expansiva en ambos planos (maquinaria pesada y electrodomésticos), convirtiéndose en el grupo industrial más importante de América Latina: su planta en Avellaneda cuenta con más de 9.000 empleados, produce 11.000 heladeras anuales y abre una oficina de negocios en Nueva York. Asimismo se introduce en el campo de la siderurgia con la creación de SIAT (Sociedad Industrial Argentina de Tubos de Acero).

Expansión “sobre ruedas”
En 1948 fallece Torcuato Di Tella, pasando la responsabilidad de la conducción de la empresa (que ahora es rebautizada como “SIAM Di Tella Limitada”) a un directorio integrado, entre otros, por su hijo Guido (futuro Ministro de Relaciones Exteriores durante los dos mandatos de Carlos Menem, entre 1989 y 1999). Confiados en el crecimiento sostenido de la empresa, los nuevos directivos deciden profundizar la política de diversificación productiva, entrando ahora en la fabricación de vehículos: es así como en 1954 firman un convenio con la empresa italiana Innocenti para la fabricación de la “scooter” Lambretta, que es rebautizada “Siambretta”.

Si bien los primeros modelos son fabricados con piezas importadas de Italia, progresivamente los mismos pasan a incorporar piezas nacionales casi en su totalidad. Las versiones más populares de la motoneta son la 125 y la 175 (ambos números en referencia a la cilindrada) y se fabrican hasta 1967.

Publicidad de “La Siambretta”


El éxito de las “Siambretta” empuja a SIAM a un desafío mayor: aprovechando el Régimen de Promoción a la Industria Automotriz establecido por el gobierno desarrollista del Dr. Arturo Frondizi (que permite la pronta instalación en el país de numerosas plantas) la empresa firma en 1959 un acuerdo para la fabricación de automóviles bajo licencia con British Motors Corporation (BMC). El lugar elegido para la instalación de la nueva planta es un local desocupado de 50.000 metros cuadrados que posee SIAM en Monte Chingolo; el primer modelo es el Austin A-60 diseñado por la firma italiana Pininfarina, que es rebautizado como Siam Di Tella 1500, iniciándose su producción en marzo de 1960.

Al igual que otros productos lanzados previamente, este automóvil está destinado a la clase media por su mecánica simple y su economía en el consumo de combustible y tiene una rápida aceptación, convirtiéndose además en el prototipo del “taxi argentino” (de las primeras 14.500 unidades producidas, 3.870 son destinadas a ese uso, quedando además inmortalizado en la cultura popular por su inclusión en la telenovela “Rolando Rivas, taxista” en 1972 y en el monumento al taxista inaugurado en 2012 en Puerto Madero). En 1961 es lanzada la pick-up Argenta y en 1963 la Traveller (versión rural del Di Tella 1500).

Auto Di Tella 1500

Luchando por sobrevivir

Según los investigadores Graciela Pampin y Marcelo Rougier “(…) SIAM inició en los años cincuenta un proceso de fuerte expansión con el objetivo de integrar verticalmente algunas de sus plantas y conformar un complejo productivo. La idea era abastecer a ferrocarriles, a la actividad petrolera y de energía eléctrica, y también fabricar automotores, actividades que se encontraban muy vinculadas a los programas de desarrollo del gobierno nacional-esto es a las compras del Estado- (…)” (1) La consecuencia indeseada de este ambicioso plan es el sobredimensionamiento de la organización por la falta de una adecuada coordinación interna y conflictos entre los nuevos cuadros directivos y los ya existentes; otro factor es el cambio en la política de financiación de proyectos, donde se pasa de la reinversión de utilidades (aplicada en vida de su fundador) al endeudamiento externo como medio de “apalancamiento”. No obstante el empleo de este recurso, los niveles de producción y de ventas resultan insuficientes para cumplir con los compromisos, llevando a niveles de endeudamiento aún mayores.

Se inicia de este modo un proceso de reestructuración en el grupo empresario que implica en primer término el abandono de la fabricación de automóviles: para 1965 la división Automotores pierde más del 50% de su capital y acumula deudas por 12 millones de dólares, vendiéndose finalmente en 1966 a Industrias Kaiser Argentina (IKA). En ese mismo año también se da inicio a la “Operación Piloto”, que consiste en una propuesta de refinanciación de deudas con acreedores privados que ascienden a 34 millones de dólares. También se gestiona una refinanciación de deudas impositivas y previsionales con la Dirección General Impositiva por un plazo de 20 años que quedó trunca por el derrocamiento del presidente radical Arturo Illia y la asunción de una dictadura encabezada por el Gral. Juan Carlos Onganía. Jorge Salimei, presidente de la alimenticia SASETRU y flamante ministro de Economía, se manifiesta contrario a la concesión del beneficio fiscal, siendo en cambio partidario de dejar que SIAM vaya a la quiebra. A seis meses de su asunción, Salimei es reemplazado por Adalbert Krieger Vassena, quien impulsa una Ley de Rehabilitación de Empresas que incluye una moratoria fiscal y previsional, préstamos de “rehabilitación”, y la obligación de reinvertir utilidades, estipulándose en caso de incumplimiento la rescisión del convenio, con las previsibles consecuencias negativas para las beneficiarias.

En febrero de 1970 SIAM ingresa al régimen establecido por esta ley acordando para la cancelación de su deuda con el Estado la emisión de acciones preferidas que en caso de incumplimiento pasarían a ser acciones ordinarias con derecho a voto, lo cual abría las puertas a la potencial estatización de la empresa. Entre 1971 y 1972 se firma un nuevo convenio que permite la integración de 5 miembros propuestos por el Estado y el Ministerio de Hacienda, ante el incumplimiento del pago de devengamientos impositivos y previsionales, exige el canje de las acciones del primer acuerdo, con lo cual el Estado Nacional pasa a controlar el 80% de SIAM.

Ensamblando un SIAM 1500

En 1976, tras un lustro de gestión estatal enfocada en la producción de equipos para tráileres, la empresa es intervenida por las autoridades del “Proceso de Reorganización Nacional”. A partir de allí se produce un conflicto entre el interventor (un comodoro interesado en la continuidad de la empresa) y el ministro de Economía José Martínez de Hoz, quien considera a SIAM como una “carga” y a la que prevé reprivatizar. Tras licitaciones fallidas entre 1979 y 1981, SIAM continúa en manos del Estado nacional hasta que en 1985 el gobierno democrático de Raúl Alfonsín decide, ante la imposibilidad de la venta de SIAM en su conjunto, que la empresa sea vendida por áreas de negocios: la de electrodomésticos es adquirida por Aurora, la de equipos por SADE-Pérez Companc y la de tubos (SIAT) por Techint.


A partir de allí SIAM continúa como una marca vinculada a los electrodomésticos. La empresa Aurora fabrica bajo la misma heladeras y otros artefactos en la histórica planta de Avellaneda hasta su convocatoria y quiebra en 1996. Para preservar las fuentes de trabajo los trabajadores de la planta, en acuerdo con los dueños de Aurora, conforman en 1997 la cooperativa CIAM continuando allí con la fabricación de heladeras hasta 2014, año en el que la planta fabril es adquirida por la empresa nacional Newsan, reinaugurándola con una inversión de 35 millones de dólares para continuar con la fabricación de heladeras, incorporando en agosto de 2020 la fabricación de lavarropas LG.

La marca que nunca se fue

El caso de SIAM probablemente sintetiza en todos sus aspectos la historia misma de la industria argentina: la iniciativa de un joven emprendedor inmigrante en los albores del siglo pasado que se convierte en poco tiempo en una empresa de dimensiones extraordinarias, líder en Latinoamérica; su prosperidad y pujante expansión y su paulatina decadencia. Si bien no quebró formalmente, nunca volvió a ser el gigante industrial de otros tiempos desde el inicio de su opaco derrotero en los años ’70 con la estatización. Surgen de esta historia numerosas preguntas: ¿cómo puede llegar un grupo industrial de la magnitud de SIAM a decaer hasta su virtual desintegración? ¿Qué responsabilidades caben a los directivos de la empresa: pecaron de ingenuidad o de excesivo optimismo ante el inestable panorama político y económico de la Argentina de la segunda mitad del siglo XX? ¿Era razonable que el Estado argentino saliera al rescate de SIAM o debería haber dejado que sus directivos se hicieran cargo de las consecuencias de una inevitable quiebra?, ¿Los responsables de la empresa actuaron de buena fe o dejaron que SIAM pasará a manos del Estado para “sacarse un clavo de encima”?.

Aunque hoy tan sólo haya quedado como marca de heladeras (uno de sus productos emblemáticos de antaño) el nombre SIAM sigue siendo sinónimo de Industria Argentina, una industria que tuvo sueños de legítima grandeza y que a pesar de haber sufrido las marchas y contramarchas de un país errático e impredecible se sostiene en pie, desde un lugar más pequeño pero con el anhelo de volver a ocupar el lugar que supo tener.

(1) Pampin, Graciela y Rougier, Marcelo: “Trayectorias divergentes, finales
convergentes: un análisis comparativo de la crisis y control estatal de
Winco y SIAM”, Anuario del Centro de Estudios Históricos “Prof.Carlos
Segreti”, pág.322