Perú: las elecciones entran en la recta final en medio de la crisis económica y sanitaria

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El país incaico vive una campaña atípica en medio de la pandemia, con alta fragmentación y sin candidaturas que conciten mayor adhesión popular.

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Perú procurará con los comicios generales de este domingo comenzar a dejar atrás una crisis política inédita que el último año se intensificó gravemente por la pandemia de coronavirus y su impacto económico, se cobró la caída de dos presidentes y generó un desinterés ciudadano por el proceso electoral sin precedentes.

El país está hoy estadísticamente lejos de los primeros lugares que llegó a ocupar por cantidad de casos confirmados de Covid-19 y de muertes por la enfermedad, y sobre todo por la tasa de fallecimientos en relación con la cantidad de habitantes, por la que a fines de 2020 llegó a ser el primero en todo el mundo.

A comienzos de esta semana registraba 28.908 casos activos de coronavirus -casi la mitad de esas personas, 13.561, estaban hospitalizadas-, muy por debajo de los más de 165.000 que llegó a computar a fines de agosto de 2020 e incluso de los más de 42.000 que reportó a fines de enero pasado, según datos del Ministerio de Salud.

Sin embargo, en lo que va de 2021 afronta una segunda ola “más agresiva que la primera”, según la definió a fines de enero la entonces ministra de Salud, Pilar Mazzetti, y en la que la cepa “predominante” es la brasileña, de propagación más rápida, según dijo este lunes el actual titular de la cartera sanitaria, Oscar Ugarte.

Paralelamente, Perú anotó en los últimos días su récord de muertes diarias por coronavirus -con cerca de 300-, sigue al borde del colapso de la infraestructura de terapia intensiva, sufrió una crisis de escasez de oxígeno medicinal que conjuró a través de importaciones urgentes y fue uno de los últimos países de la región en recibir vacunas.

Pero las vacunas aún están lejos de constituir una solución satisfactoria, a tal punto que el presidente Francisco Sagasti reconoció el sábado pasado que el plan de vacunación puesto en práctica “no funciona” y el Ministerio de Salud anunció el lunes uno nuevo, basado en una estricta cobertura territorial y orientado a inmunizar a poblaciones completas por distritos y provincias, según grupos de edad.

“Hemos visto personas que se saltan las colas, en las vacunaciones de los colegios profesionales se ha visto que no se ha priorizado a las personas que están en primera línea y contacto directo con la enfermedad sino que aparecen otros nombres”, explicó Sagasti.

La cuestión del respeto a las prioridades es particularmente sensible en Perú después del escándalo causado por la revelación de que cerca de 500 personas -casi todas ellas, funcionarios y sus cónyuges- se inmunizaron a fines del año pasado con dosis supuestamente destinadas a los ensayos clínicos y cuando aún no habían llegado al país las primeras vacunas para ser aplicadas a la población.

Entre quienes se beneficiaron del llamado “vacunatorio VIP” figuran el entonces presidente Martín Vizcarra, quien fue luego destituido en noviembre por el Congreso, y dos ministras del gabinete de Sagasti -Mazzetti y la canciller Elizabeth Astete-, quienes por ese motivo fueron despedidas.

El escándalo del vacunatorio VIP contribuyó al desinterés por el proceso electoral de una ciudadanía escéptica con la clase política -todos los expresidentes vivos están presos o procesados, la mayoría por corrupción, y el actual quinquenio ya consumió cuatro presidentes y dos Congresos- y temerosa por el impacto del coronavirus, tanto en materia epidemiológica como por sus consecuencias económicas. Vizcarra dejó el Gobierno con una alta tasa de popularidad pero también con críticas a su gestión de la pandemia.

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“En el frente sanitario no se movió oportunamente para adquirir pruebas moleculares y se fue sin comprar una sola vacuna; dejó en situación muy vulnerable al país”, afirmó Alonso Segura, quien fue ministro de Economía en 2014-16, durante el Gobierno de Ollanta Humala.

Como consecuencia de las restricciones -Perú fue incluso uno de los primeros países en decretar toque de queda-, la economía sufrió en 2020 una contracción de 11,1%, una de las mayores en la región y la primera en el país después de dos décadas de crecimiento sostenido pero con una estructura productiva aún bastante informal.

Segura opinó que la reacción ante la primera ola de coronavirus “fue un poco lenta” y “el principal error fue que la cuarentena fue demasiado severa y, dadas las características de una economía muy informal y hogares muy hacinados, cerrar no iba a garantizar evitar la propagación del virus, y así ocurrió”.

El exMinistro calculaba para 2020 una disminución del empleo de “cerca de 70% u 80%” y un aumento de la pobreza “de 20% a 28% o 30%”, y advirtió que se trata de datos “muy importantes” porque “los indicadores de bienestar han sufrido más” que los del conjunto de la economía”.

Agregó que la recuperación de ellos “va a ser más gradual”, de modo que “el empleo va a ir recuperándose pero va a ser más precario que en el pasado”.