El rincón del tutor coach, grajeas

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Comenzamos hoy este ciclo de historias breves pero con grandes enseñanzas para reflexionar.

Por Pablo Tigani

Me llamo la tercera vez un amigo de otro amigo que vivía en Europa. Según este último, yo era la persona indicada para un puesto excelente en la ciudad de Madrid, me ofrecían un contrato en euros muy tentador. Les dije que no.

Acababa de regresar de Chicago y la verdad, no quería volver a separarme de mis hijos ni un día. Previo a esto, les había enviado un estudio macro de Argentina gratis. SÍ, GRATIS porque me molesto mucho que el CEO mundial que hablo conmigo 5 minutos la primera vez, me dijera que “en la Argentina la gente comía de la basura” (un episodio puntual que duro unos meses 5 años antes).

Si la empresa hubiera hecho una BÚSQUEDA en un medio, debería haber publicado: “Se requiere profesional con una Maestría en Economía, relaciones de alto nivel y exposición pública, con instinto auto destructivo y tendencia masoquista. Debe ejercer una obediencia ciega-irracional a todas las instrucciones del CEO mundial y su sequito de obsecuentes. Tendrá a cargo la firma de todos los negocios y no le daremos D&O (seguro de director), ni carta de indemnidad, porque a la empresa no le da la gana.

Siempre fui un millennial ochentoso. Así trabaje un poco tiempo por muy buena retribución. Nunca me gusto atarearme de chivo expiatorio en potencia. Maneje los tiempos. Conocí a otros colegas de 40 países en las convenciones y, me di cuenta que el espíritu analítico y la capacidad de reflexión, no era el perfil general. Más bien abundaban CEOs abúlicos de reflejos tardíos con aficiones cuestionables. Cumplidos los más satisfactorios objetivos que me auto asigne, “me tome el olivo” y un vinito La Rioja en el Airbus, con la renuncia en el bolsillo.