Mayra Djimondian: “Cuando una mujer se valora por lo que es, no se detiene por lo que le falta”

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En una entrevista con BAopina la Escritora, Coach y Orientadora Familiar Mayra Djimondian nos cuenta sobre su trabajo por la inclusión e integración de la mujer en las distintas actividades empresariales y profesionales, su visión del feminismo y las instituciones religiosas.

Por Alex Contreras

AC: Quién es Mayra?, Contanos de vos.

MD: Soy mamá, esposa, profesional y pastora, especialmente apasionada por trabajar con mujeres para animarlas a despertar y expandir su potencial a todo nivel. 

¿Cómo es un día para una mujer profesional, empresaria y dirigente?

Creo que como los de cualquier mujer con múltiples roles. Casi nunca un día es igual a otro, y eso me gusta. Hay días más “multitasking” que otros, algunas rutinas que me ayudan a organizarme. Me levanto siempre temprano, siento que el día me rinde de otra manera si aprovecho bien la mañana. 

¿Qué te mueve a trabajar por la inclusión e integración de la mujer en las distintas actividades empresariales y profesionales?

La convicción de que cuando una mujer se valora por lo que es, no se detiene por lo que le falta. Creo que como mujeres fuimos creadas con una capacidad y riqueza interior impresionante, que muchas veces nos cuesta distinguir, en general nos resulta más fácil ver lo negativo, lo que no podemos, lo que no sabemos, etc. Pero cuando una mujer se da cuenta que vale por lo que es, y esto va mucho más allá de sus logros, tareas, etc, no solo baja la autoexigencia, sino que deja de vivir para complacer, de estar pendiente de la mirada del otro y se libera de la carga que eso conlleva. Entre otras cosas esto provoca que pueda enfocarse en activar ese potencial de transformación tremendo que hay en su interior. Ver esos cambios y avances a todo nivel, desde un abordaje integral (cuerpo, alma y espíritu) para mí no tiene comparación.

Cuando una mujer entiende que todo lo que es y lo que tiene interiormente está allí para algo mucho mayor que ella misma, se produce una revolución hacia adentro y hacia afuera. Entonces, si de alguna forma puedo aportar para que hagan ese click, ese es mi granito de arena. Por eso, que las mujeres se integren y se activen desde una mirada de compromiso por el otro en los ámbitos en donde se mueven,  es una llave que abre puertas de crecimiento para sí mismas y para quienes las rodean. 

Insinúas es que la Inclusión de la Mujer reclama un trabajo paralelo de la propia mujer de auto conciencia y valoración? 

Si tal cual! Porque cuando vos como mujer no te valoras o no identificás tus fortalezas, estás en desventaja. Trabajar el desarrollo de una autoestima sana es clave. Según pensamos, sentimos y actuamos. La imagen que tengamos de nosotras mismas nos va a limitar o expandir

Lo que pensemos de nosotras mismas es determinante a la hora de ponernos en marcha o no hacerlo.

Como dijo Henry Ford tanto si crees que podés como si creés que no podés, estás en lo cierto.

¿Cuáles son los problemas que hoy identificas en la integración de la mujer? 

Uno de los mensajes preponderantes  que como mujeres recibimos desde distintos ámbitos,  es un llamado  a “ponernos en primer lugar”,  “a estar bien yo”,  “a ocuparme de mi”, y si bien coincido totalmente en que es importante y necesario porque una verdadera transformación comienza de adentro hacia afuera, también me da la sensación de  que se hace muy delgada la línea entre esa necesidad real que todas tenemos y el individualismo característico de esta generación.

Hoy se ponderan las “Soft Skills” en los ámbitos laborales, profesionales, etc, pero paralelamente se alimenta desde esos mismos espacios esta visión del “yo primero” y al confrontarse las  dos realidades nos encontramos con mujeres muy preparadas -por ejemplo- a nivel profesional pero con pocos recursos emocionales que le permitan gestionarse para lograr esa integración e inclusión a distintos niveles. 

Por un lado el mensaje es “vos podes con todo”, por el otro las mujeres nos vemos rodeadas por una hiperexigencia externa -y también autoimpuesta- buscando cubrir esas expectativas, en los diferentes ámbitos  lo que nos conduce en muchos casos a colapsar.

Es cierto que hoy existen más propuestas de integración o  de capacitación para que las mujeres accedan a herramientas para crecer en diferentes áreas, sin embargo por mi experiencia veo que todo eso tiene un techo porque generalmente no se realiza desde ese abordaje integral del que te hablaba, que tiene que ver con cultivar todas la áreas de nuestro ser. Entonces en muchos sentidos hay una “frazada corta” que no cubre las necesidades emocionales, físicas y espirituales que como mujeres buscamos llenar para vivir en plenitud y que están interconectadas.  

Hoy hay muchas banderas sobre el feminismo y todas son positivas porque presentan una discusión. Qué opinas sobre esto y cual crees que es el protagonismo que la mujer debe tener.

No sé si todas son tan positivas en el sentido amplio del término, especialmente porque algunas no presentan apertura para el intercambio, sino que más bien buscan imponer por todos los medios una única forma de pensar, una única cosmovisión del universo femenino que desde mi punto de vista no tiene representatividad amplia pero sí tiene lobby. 

Creo que se ha avanzado en muchos sentidos sobre discusiones que nos debíamos como sociedad, pero que falta camino por recorrer y que varias de las causas que comienzan como luchas o propuestas para resolver problemas concretos, se terminan usando políticamente acorde a la agenda que se elige establecer desde el poder.

Hay una lucha que nació como respuesta a una necesidad real pero que cuando comienza a darse desde el dolor, la bronca y el enojo se sigue fragmentando el corazón de las mujeres y no se da solución a sus necesidades concretas. 

Además de Escritora y Coach sos Pastora conjuntamente con tu esposo Pablo de la Iglesia Tierra de Avivamiento en Devoto: Porque en las instituciones eclesiásticas hay pocas mujeres en los puestos de liderazgo con reconocimiento y una plataforma grande?

Uf!, si tuviera la respuesta del “por qué “te la daria! Jaja.

Si creo que hay múltiples causas, por ejemplo tradiciones, miedo al cambio, algunas corrientes de pensamiento que alimentan esa visión estructurada, que no es solo cuestión de formas sino también de fondo. Por otra parte esto varía de acuerdo al ámbito. En muchas iglesias las mujeres son pastoras, líderes y protagonistas a todo nivel. Pero en otras están limitadas a desarrollar algunas tareas puntuales o no tienen acceso a espacios de servicio más visibles o como vos decís a un liderazgo de reconocimiento. Por eso creo que la raíz es multicausal, pero que a pesar de eso podemos trabajar para una transformación integral y que en los últimos años poco a poco se dieron algunos cambios positivos al respecto.

Estamos en un tiempo de la historia donde no podemos darnos el lujo de que las mujeres mantengan su potencial, sus dones, sus talentos estancados o inactivos porque haya puertas que están cerradas para que puedan desplegarlos. Tenemos que ser inteligentes en capitalizar todo ese potencial y generar contextos y oportunidades en los que podamos crecer juntos, hombres y mujeres para llevar los valores que cambian vidas y realidades. 

Hay una discusión que debe darse hacia dentro de las instituciones religiosas también? ¿Por qué? ¿Qué falta y que hay que profundizar? 

Claro! Es una discusión necesaria en cuanto a lo que venimos compartiendo. Estamos en “el siglo de la mujer” y si bien como iglesia damos respuesta desde muchos lugares a las necesidades y problemáticas de las mujeres, hace falta que tengamos una visión más amplia respecto  a los roles y funciones. Jesus la tuvo. Él fue el primero en romper estructuras religiosas y culturales, en un mundo en el cual en muchos sentidos las mujeres eran estigmatizadas, Jesus las reivindicó, dignificó, se acercó, las escuchó, las restauró, les dio esperanza. 

Todos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. Tenemos diferentes roles, pero nos complementamos, somos distintos pero no en la esencia y dignidad de “ser humanos” y eso nos pone codo a codo, lado a lado. 

Muchas veces la voz de las mujeres suele verse potenciada solamente en un contexto entre mujeres: grupos de mujeres, congresos femeninos, etc. Pero no así en eventos generales. 

 ¿Cómo se puede transformar esto para que las mujeres sean parte del aprendizaje de todos? ¿Que es eso de Mujeres Inteligentes Espiritualmente?

Tiene que ver nuevamente con un cambio de paradigma. Citando al Apóstol Pablo:  “cuando cambia tu manera de pensar cambia tu manera de vivir”. Difícilmente cambien mis acciones si no cambian mis pensamientos. Estos cambios que mencionas no son solo de forma sino de fondo. 

Me parece que hay veces que trasladamos este tipo de debates a lo macro, y lamentablemente desde lo macro son pocas las oportunidades en las que vemos cambios profundos, más que nada porque en general hay cuestiones que ya están “establecidas” por decirlo de alguna manera y son difíciles de cambiar. 

Pero cuando trabajamos desde “lo micro”,  es decir nuestro ámbito de influencia, lo que yo puedo hacer, mi responsabilidad personal,  lo que podemos aportar trabajando como equipo, etc. para dar respuesta a estas cuestiones, allí está la clave.

Entonces, si no vemos los cambios que queremos, seamos agentes de transformación desde los espacios en los que nos movemos. Si las oportunidades no vienen desde un lugar, hay que generarlas desde otro. Porque si caemos en la trampa de señalar lo que está mal, lo que no se logra, lo que no se puede o no nos gusta, el famoso “habría que”, que se  da desde la inacción, así no es posible avanzar.

Una de las maneras de ser gestoras de esos cambios es trabajando con las mujeres brindándoles herramientas que les permitan romper estructuras internas que son las que muchas veces no las dejan fluir y animarse aunque tengan la oportunidad. En Mujeres Inteligentes Espiritualmente llevamos una serie de talleres, contenidos y experiencias de trabajo codo a codo con mujeres para que lleven un cambio transformacional a sus vidas.

Te lo digo por experiencia propia y porque todavía me pasa compartir con mujeres que no se animan a salir de la zona de confort en este sentido, los límites más fuertes se dan casi siempre hacia adentro. Hay mucho para superar partiendo desde nosotras mismas en este sentido.

También por supuesto desde el lado de los varones son muchas las estructuras y creencias limitantes que es preciso trabajar, superar, hace falta  respetar ciertas cuestiones. Es una tarea que debe darse en ambos frentes.

Comenzar a reconocer la importancia de la complementariedad que se da entre hombre y mujer es un buen punto. No somos competencia, somos complemento. Cuando nos damos cuenta que en esos ámbitos también podemos aprender unos de otros y potenciarnos mutuamente, cuando logramos entender y experimentar que cada uno desde su lugar le aporta un matiz diferente desde sus roles y funciones, entonces esa llave es la que abre la puerta a una interacción rica, productiva y transformadora de la que todos podemos nutrirnos sin distinción. 

Crees que debería haber más representación femenina en las iglesias? ¿Por qué? 

Creo que tiene que ver un poco con lo anterior, estoy convencida que tenemos que ser protagonistas porque para eso fuimos creadas. Hay dignidad, valor, empuje fuerza, pasión, actitud, creatividad, potencia y mucho más en el espíritu de las mujeres y es necesario que esa impronta se manifiesta en la iglesia a todo nivel.

No creo en esto del “cupo femenino”, creo en la capacidad, el testimonio, el respaldo, la vida de fe, el legado que hablan más fuerte que un “puesto” de liderazgo. Creo que intentar imponer de alguna manera que exista por consenso esa representatividad es una contradicción en muchos sentidos.  Pero como ya dije, una cosa no quita la otra, y es necesario que la mujer se desarrolle, crezca y tenga un rol relevante y visible.

¿Cómo llevas balance a tu vida personal y familiar con este liderazgo que realizas?

Lo mejor que puedo. Cada etapa es diferente y esto es clave tenerlo presente para mantenerme en balance. Hay cosas que no son iguales en este momento de mi vida que hace cinco o diez años cuando mi dinámica familiar era diferente. Me sirve el ejercicio de observar  no solo qué quiero y cómo lo haré, sino de contextualizar a la hora de ponerme objetivos o desarrollar expectativas sobre ciertas cuestiones. 

Trabajar hacia adentro el tema de la autoexigencia y me ayudó a  descubrir que puedo ser mi mejor versión en los diferentes roles y etapas, que como mujer soy completa y no perfecta, que no puedo con todo y eso está bien, y que la vida está para disfrutar, no solo para producir, está para dejar un legado no solo para vivir para uno mismo. Entonces creo que ese balance pasa entre otras cosas por establecer prioridades y revisarlas. Por desarrollar flexibilidad para adaptarse a los cambios. 

Pero si algo fundamental en lo anterior, es mi familia. Ellos son mi mejor equipo y en un equipo la tarea siempre es conjunta, cuando unos bajan los brazos, los otros lo levantan, cuando unos están sin fuerzas, los demás los sostienen. 

También estoy rodeada de personas que para mi son muy valiosas y son no solo parte activa, sino claves en la tarea. Gente con un corazón enorme, comprometidos a servir a  los demás por amor. 

Especialmente, lo que hace que pueda encontrar ese punto de equilibrio cuando me estoy por salir del eje es la paz sobrenatural que solo Dios puede dar. Experimentar su presencia y amor en mi vida, en lo cotidiano, en mi casa, en mi familia, en medio de mis problemas o luchas, hace que me sienta segura y confiada más allá de las circunstancias. 

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