Se cumplió un año del crimen de Fernando Báez Sosa, cómo sigue la causa

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El crimen de Fernando (18) ocurrió la madrugada del 18 de enero del 2020, cuando fue atacado a patadas y trompadas por un grupo de rugbiers a la salida del boliche “Le Brique”, en pleno centro de Villa Gesell.

Los padres de Fernando Báez Sosa

Horas después del hecho, fueron detenidos diez rugbiers oriundos de la ciudad bonaerense de Zárate en una casa a pocas cuadras de la escena del crimen, ocho de los cuales aún permanecen en prisión a la espera de ir a juicio oral.

Los ocho rugbiers detenidos por el crimen de Fernando Báez Sosa que permanecen alojados en la Alcaidía de Melchor Romero a la espera de juicio oral aún se encuentran aislados del resto de la población carcelaria para evitar cualquier tipo de agresión, aunque están adaptados a la rutina diaria del pabellón en el que se encuentran.

Fuentes de la investigación aseguraron que Máximo Thomsen (20), como Ciro Pertossi (20), Luciano Pertossi (19), Lucas Pertossi (21), Enzo Comelli (20), Matías Benicelli (21), Blas Cinalli (19) y Ayrton Viollaz (21) se encuentran desde el 12 de marzo del año pasado en el Pabellón 3 de la Alcaidía, ubicada en la localidad platense de Melchor Romero, y están alojados juntos pero en calabozos para dos personas.

Los rugbiers acusados por el crimen de Fernando Báez Sosa no optarán por un juicio por jurados.
Parte de la banda que atacó a Fernando tras cometer el homicidio

La vida carcelaria
Los voceros explicaron que los ocho se mueven siempre en grupo: de lunes a viernes, y al igual que el resto de la población carcelaria, tienen permitido permanecer tres horas al aire libre.

Ellos lo hacen en el patio del Pabellón 6, donde suelen caminar, sentarse al sol y compartir charlas.

“Se los ve bastante bien adaptados”, dijo uno de las fuentes consultadas, que aclaró que “reciben la misma comida que los demás internos, más lo que le acercan sus familias”.

Es que desde mediados de noviembre pasado, los presos volvieron a recibir la visita de sus familiares tras el inicio del aislamiento por el coronavirus: una vez por semana, apenas un familiar por detenido puede ingresar a visitarlo, bajo medidas estrictas de bioseguridad.

Los familiares aprovechan la oportunidad y les llevan libros, ropa, elementos de higiene, yerba y cigarrillos.

Según los voceros, los rugbiers reciben eventualmente asistencia espiritual de parte de un pastor.

Sin embargo, allegados a los ocho detenidos cuestionaron la ayuda psicológica y psiquiátrica que reciben dentro del penal y dijeron que los ven “sufriendo bastante”.

Uno de esos allegados -que prefirió mantenerse en el anonimato para evitar, según dijo, posibles represalias contra los detenidos- cuestionó “principalmente a una psicóloga, que juzga y pide que se arrepientan de un proceso que todavía no tiene sentencia”.