Dante Quinterno: el padre oculto del superhéroe argentino

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Por Daniel De Marco

Si ensayáramos un “génesis” de la historieta argentina, diría algo así: “Lino Palacio creó a Don Fulgencio, Quino creó a Mafalda, Caloi creó a Clemente…”Y así podríamos seguir con muchos más. Sin embargo hay un personaje tan popular como los ya nombrados, conocido por varias generaciones que disfrutaron de sus aventuras, pero que a poco de indagar lleva a esta pregunta: ¿quién creó a Patoruzú? Aunque en su excéntrica genealogía se nos diga que era descendiente de la dinastía egipcia de los “Patoruzek”, el millonario cacique patagónico procedía del trazo de un talentoso dibujante llamado Dante Quinterno.


“Hacete amigo del indio…”
Quinterno nació en 1909 y con apenas 15 años se convirtió en colaborador de Diógenes “El Mono” Taborda, caricaturista político del diario “Crítica”. En 1925 publica sus primeras tiras con moderada repercusión. En Octubre de 1928 el mismo diario anuncia el debut de un personaje en su tira “Aventuras de Don Gil Contento”: el indio “Curugua Curiguagüigua”.

En la redacción del periódico le aconsejan al joven dibujante cambiar el nombre por uno que sea más fácil de recordar (y de pronunciar), e inspirándose en las pastillas de “oruzú” (que eran muy populares en ese tiempo) bautiza al indio con el nombre de “Patoruzú”. Por alguna extraña razón el debut también es despedida y luego de publicada la entrega la historieta no se publica más.


Dos años más tarde el aborigen vuelve a bajarse del tren, esta vez en la tira “Julián de Montepío” para el diario “La Razón”. Patoruzú gana tanta popularidad que al cabo de un año la historieta pasa a llevar su nombre y aparece “merchandising” del personaje (muñecos, caretas, jabones, pulseras…) También cambia el carácter del personaje: el indio simplón y buenazo comienza a vivir aventuras en las que se revela como un héroe con fuerzas extraordinarias, siempre dispuesto a defender causas nobles y a combatir el mal.

En contraste Quinterno pone como compañero y “padrino” del indio a Isidoro Cañones, modelo del “vivo porteño”: interesado, jugador, desconfiado, irresponsable…Y posteriormente llegarían Upa (el hermano menor de Patoruzú), la Chacha (sunodriza), el capataz Ñancul y su inseparable caballo Pampero.


Paralelamente al éxito de la tira, Quinterno desarrolla una mentalidad empresaria: en 1932 viaja a Estados Unidos donde trabaja como dibujante publicitario y como asistente en los estudios de Walt Disney y en los estudios Fleischer (productores de los cortos de Popeye y Betty Boop), y a su regreso crea el “Sindicato Dante Quinterno” (inspirado en los “syndicates” norteamericanos, con el objeto de proteger los derechos de propiedad de su obra, que hasta ese entonces quedaban en manos de los medios para los que dibujaba).

En 1936 deja de publicar en La Razón y lanza su propia revista quincenal, que como no podía ser de otro modo llevaba el nombre de su creación estrella: “Patoruzú”. La revista sería publicada por más de 40 años y por ella pasarían reconocidos dibujantes como Guillermo Divito, Eduardo Ferro, Oscar Blotta (padre) y Clemente Montag, entre muchos otros.

En 1937 se edita el primer “Libro de Oro de Patoruzú”, anuario de la revista que se convertiría en un clásico hasta su última edición en 1984. En 1940 colabora junto a Florencio Molina Campos en la producción de unos cortos de los estudios Disney.

Ese mismo año lleva a Patoruzú al campo de la animación con “Upa en Apuros”, un corto con estándares de calidad similares a los de Hollywood; las dificultades para importar la película en color (por el estallido de la Segunda Guerra Mundial) hace que el film se termine dos años más tarde, estrenándose junto con “La Guerra Gaucha”.

Pese a la intención original de hacer nuevos cortos y a la buena recepción de la crítica, sería la única película protagonizada por el cacique. En 1945 el indio es devuelto a la niñez y nace Patoruzito, con una revista dedicada al público infantil. En 1956 comienza la publicación de las revistas “Andanzas de Patoruzú” y “Correrías de Patoruzito”, conteniendo historias completas de ambos personajes, a la que se agregaría en 1968 “Locuras de Isidoro”.

Salen a la calle las primeras historietas del cacique Patoruzú | Diario del  Fin del Mundo


El Ojo del Amo
Además de ser un exitoso empresario editorial (las tiradas de la revista “Patoruzú” llegaron a los 300.000 ejemplares), Quinterno también incursionó en la producción agropecuaria (actividad a la que dedicaría otra publicación, “Dinámica Rural”, que llegaría incluso a tener un programa de TV). Sin embargo, a diferencia de muchos, cultivó desde sus comienzos un deliberado perfil bajo, directamente proporcional a la masividad de sus creaciones. Se cuentan con los dedos de una mano las entrevistas que concedió (la última fue para la revista “Viva” en 1996, y la anterior la había dado en 1937, casi 60 años antes).

Una posible explicación de esta actitud la dio su antiguo colaborador Eduardo Ferro, quien en una oportunidad le preguntó por qué no daba reportajes. La respuesta que obtuvo: “Soy un empresario, un trabajador, y solo me entrego a lo mío”. Dante Quinterno aunó a su innegable don artístico una férrea disciplina de trabajo y la extendió a su equipo de trabajo (que llegó a contar con más de 100 colaboradores): era sumamente estricto en todos los detalles de sus publicaciones, tanto en lo gráfico como en lo argumental (aunque ya no dibujaba las tiras, dejaba a sus dibujantes y guionistas minuciosas semblanzas de sus personajes para que se ajustaran en todo lo posible a su visión, y posteriormente controlaba los originales antes de su
envío a impresión).

Aunque algunos lo cuestionan por su temperamento colérico y su perfeccionismo, otros consideran que su exigencia era consecuente con su excelencia profesional y que, aunque no fuera habitual en él ni lo demostrara abiertamente, era un líder justo y sabía reconocer la capacidad de quienes trabajaban con él (de hecho algunos de ellos, como Tulio Lovato o Mirco Repetto, hicieron toda su carrera en la editorial de Quinterno).

Incluso en los últimos años de su vida (cuando su editorial se limitaba a reeditar las viejas tiras de Patoruzú, Patoruzito e Isidoro, cambiando algunos nombres o situaciones para que parecieran “actuales”), Quinterno no perdió la costumbre de visitar periódicamente sus oficinas para supervisar que todo funcionara de acuerdo a sus directivas.


A imagen y semejanza
Dante Quinterno eludió la exposición pública para proyectarse en sus creaciones, y más concretamente en Patoruzú, ese cacique noble y desinteresado que posiblemente resuma como ningún otro personaje de historietas la máxima cristiana del amor al prójimo(a tal punto que su archirrival declarado es “Mandinga”, la mismísima encarnación del Mal).

Quinterno se propuso reflejar en ese nativo aparentemente vulnerable y subestimado al ser humano que es capaz de superar sus limitaciones y adquirir fuerzas sobrenaturales cuando se propone vencer la injusticia y hacer el bien a sus semejantes, y lo definió como “el hombre perfecto dentro de la imperfección humana”.

Seguramente imaginó que Patoruzú, además de entretener, también sería un modelo para las distintas generaciones de lectores, como afirmaba en la entrevista de “Viva”: “El luchó siempre contra la corrupción y el mal. Patoruzú todavía tiene esperanza en los argentinos”.