En un encuentro marcado por la absoluta superioridad del conjunto de Núñez, el arbitraje se llevó el protagonismo por distintos fallos polémicos.

River se quedó a las puertas de la hazaña más importante de sus últimos años, al ganarle por 2-0 a Palmeiras en Brasil, con goles de Robert Rojas, expulsado por doble amarilla, y Rafael Santos Borré, pero le faltó un gol para llevar la serie de semifinales de la Copa Libertadores a los penales, en un partido desvirtuado por las intervenciones polémicas del VAR.

A los seis minutos del segundo tiempo, River completó la hazaña cuando apareció Gonzalo Montiel, quien empalmó de derecha para el 3-0 histórico de los argentinos, sin embargo, y tras casi cinco minutos de deliberación, el árbitro uruguayo Ostojich anuló la conquista a instancias del VAR, manejado por Nicolás Gallo. En la repetición se vio cómo Borré vuelve de la posición adelantada para intervenir en la jugada.

Al gol anulado por una observación milimétrica, se le agrega un penal mal anulado a Matías Suárez que el arbitro cobró al instante pero la decisión fue cambiada por la intervención del VAR, una expulsión absurda a Robert Rojas, otro penal no sancionado a Borré, y otra sanción máxima ignorada luego de un golpe de puño del arquero Weverton que impacta el rostro de Paulo Díaz.

“Vengo a reconocer y valorar a mi equipo, a mis futbolistas, que me han hecho sentir representado. Me han emocionado con la forma en que han jugado. Es una sensación muy plena la que tengo, porque cuando uno ve la postura de un equipo y lo representa a uno, no me queda mucho para decir. Simplemente reconocerlos y agradecerles por el partido que han jugado hoy”, manifestó el Muñeco una vez finalizado el partido, y se abstuvo a seguir respondiendo preguntas.

En la final del 30 de enero en Río de Janeiro estará Palmeiras, frente a Santos o Boca. River se ahogó en la orilla, pero con el orgullo de haber realizado hasta su último esfuerzo, honrando los seis años brillantes del ciclo de Gallardo, un ciclo histórico que merece continuidad, ya que la verdadera hazaña se simboliza en el hecho de haber mantenido el nivel a lo largo del tiempo. Una épica mucho más extraordinaria que la del resultado de la serie ante el Verdao.