Por David González*

Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa.


El perrito, subió por las viejas escaleras de madera. Al terminar de subir, se topó con una puerta semiabierta; lentamente se adentró en el cuarto.  Para su sorpresa, se dio cuenta que, dentro del lugar había 1000 perritos más observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos.

El perrito, comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco.


Los 1000 perritos, hacían lo mismo. Luego, sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos. ¡El perrito se sorprendió al ver que los 1000 perritos le sonreían y le ladraban alegremente a él!.
Cuando el perrito salió del cuarto, se quedó pensando para sí mismo ¡Qué lugar tan agradable! ¡Vendré más seguido a visitarlo!.


Tiempo después, otro perrito callejero, entró al mismo cuarto; pero a diferencia del primero, ese perrito, al ver a los otros 1000, se sintió amenazado, ya que lo miraron de manera agresiva. Empezó a gruñir y, claro, vio como los 1000 perritos le gruñían a él.
Cuando el perrito salió del cuarto, pensó: ¡Qué lugar tan horrible es este! ¡Jamás volveré a entrar aquí!.


 En el frente de dicha casa, se podía leer un letrero que decía: “La casa de los 1000 espejos”. 
 
Te invito en este primer número a reflexionar sobre el cuento del perrito y la casa de los mil espejos. Estudios de neurociencia de la última década nos ayudan a identificar la importancia de las “neuronas espejo” estas neuronas se activan cuando realizamos una acción o cuando la observamos en otro, por ejemplo, sonreír o realizar un gesto de bondad o compasión.


Las neuronas espejo “reflejan” el comportamiento del otro, como si el observador estuviera realizando la acción misma, de allí su nombre de “espejo”. Este descubrimiento es considerado uno de los más relevantes de los últimos tiempos y da cuenta de la capacidad del ser humano para tener empatía (capacidad para comprender a otro) y el aprendizaje de nuevas habilidades por imitación que desarrollamos no solo de niño sino también a lo largo de nuestra vida.


Gracias a eso somos capaces los seres humanos de ponernos en la piel, emocionarnos, sentir, crear y recrear escenas vistas y experimentadas, incorporar movimientos y acciones vistas en nuestro entorno. Esto también sucede cuando vemos una escena de película y nos emocionamos por vivenciar lo que le pasa al o la protagonista, esto se debe a que las neuronas espejo envían esa información a nuestro cerebro.

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Es por eso que durante la década del 20 este movimiento neuronal se experimentaba en su esplendor, dado que las películas mudas que dieron origen al surgimiento de grandes del humor como Charles Chaplin o Búster Keaton buscaban mostrar (por no transmitir diálogos) pura acción y movimientos, y cuentan los historiadores que la gente al salir de las salas se iban cansadas y excitadas a la vez, con ganas de hacer las mismas locuras que habían visto hacer a esos genios del humor y la actuación aunque estuvieron observando sentadas en sus butacas.


Descubrir ese enorme potencial con el que contamos los seres humanos y como ese extraordinario y poderoso juguete llamado cerebro nos puede permitir mayor bienestar es clave para nuestros días.


Por eso retomando nuestro relato de hoy, esos espejos son las personas con las que nos cruzamos a diario; en el trabajo, la escuela, las calles y avenidas, el transporte, el banco, club, gimnasio, familia etc. La diferencia está, si Uds. me permiten, en cuál de los dos perritos somos o nos vamos a convertir, por eso te dejo unas preguntas ¿Que ves? ¿En qué te enfocas más? ¿Qué te devuelven esos rostros la mayoría de las veces?.


El cuento de hoy nos invita a revisarnos desde la toma de conciencia y el hacer responsable, reconocernos creadores de contextos positivos y no tanto en nuestra vida cotidiana. ¡Podemos ser flexibles y aceptar que hay días y días, sin dudas! Pero en la semana ¿Cuántos son los espejos que te devuelven sonrisas entusiastas y ganas de vivir?.


Solo el hecho de sonreír sin causa aparente, porque sí, libera en nuestros cerebros sustancias como las endorfinas, dopaminas, adrenalina, y serotonina que producen sensación de placer y alegría además de ayudar a nuestro sistema cardiaco, digestivo y alejar la depresión y la amargura. Y eso queridos lectores se contagia, también por medio de las “neuronas espejo”.


Entonces como conclusión podemos decir que recibimos aquello que damos y viceversa. ¿Como elegimos vivir este último tramo del año? ¿El resto de nuestros años? ¿Que verá la gente que te rodea? ¿Alguien que le sonríe a la vida? O ¿Alguien que se queja por no recibir buen trato o porque aquel o aquella no saludaron ni fueron amables contigo? ¡Hoy es un buen día para alzar tu rostro y regalar una sonrisa que lo ilumina todo y es más económica que una lamparita! A partir de hoy podés elegir vos también impactar positivamente en tu mundo.

*Coach Ontológico Profesional. Consultor y Facilitador de contextos de aprendizaje. Responsable académico de la formación de coaches ontológicos profesionales del Instituto ECOA, sede Lomas de Zamora y Ramos Mejía. Conferencista y Capacitador en Recursos Humanos. Profesor en comunicación social Universidad Nacional de Lomas de Zamora
Profesor ayudante en catedra Psicología del desarrollo Universidad Nacional de Lomas de Zamora.
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