Por David González*

Un grupo de pequeñas ranas atravesaban juntas un bosque. Pero de pronto, dos de ellas cayeron en un hoyo muy profundo. El resto de ranas, se asomaron para mirarla, rodeando el agujero. Rápidamente se dieron cuenta de que el agujero era muy profundo. Sus compañeras saltaban y saltaban, pero no podían alcanzar la orilla.


Las ranas comenzaron a cuchichear entre sí. Todas daban por muertas a las dos ranas, ya que no veían posible que pudieran dar un salto tan alto como para salir del agujero. Así que comenzaron a gritar a las ranas que no podían hacer nada, que no podrían salir de allí. ¡Ríndanse, no lo van a conseguir!- gritaban las ranas desde la orilla.


Pero las dos ranas continuaban saltando sin parar, ignorando los gritos de sus compañeras, que no dejaban de decirles que iban a morir igualmente a pesar de sus esfuerzos.- ¡No lo intenten más! – gritaban las ranas- ¡No lo van a lograr!


Las ranas les llegaron a insinuar a sus dos compañeras que no gastaran más fuerzas, que se dejaran morir. Y gritaban tanto, que al final una de las dos ranas que saltaba sin parar se dio por vencida y decidió abandonar. Se dejó caer al suelo sin más, y murió.


Sin embargo, la otra rana continuó saltando, a pesar del agotamiento. Cada vez más alto, cada vez con más fuerza. Y las demás compañeras gritaron mucho más alto para que dejara de saltar.- ¡Deja de sufrir!- le gritaban una y otra vez.


Y la rana saltaba más y más. Hasta que de pronto, logró salir del agujero. Ella pensó que sus compañeras la estaban animando, fijándose en los gestos que hacían. Y les agradeció de todo corazón el haberle ofrecido todo su aliento.


En realidad, la rana era sorda y le era imposible escuchar los gritos de las demás.

Al compartir este hermoso cuento de la rana sorda me vienen muchas reflexiones, podríamos decir que es una fábula para niños y eso estaría bien, también podemos verlo desde el presente como adultos y extraer riqueza, recordando que un día lo fuimos y seguimos aprendiendo.

Diferencias gente exitosa


En principio puedo ver una analogía con este tiempo inédito que nos toca vivir como humanidad, en época de pandemia y aislamiento nos vemos en el desafío de aprender, de soltar el mundo que conocíamos y dejamos atrás para crear el nuevo, y en ese sentido las palabras para nombrar a ese que viene son claves.


Pudimos ver el daño que produce y el stress que trae la llamada “infoxicación” o las noticias falsas, o podemos decir la catarata de noticias que inundan las pantallas y los sentidos generando miedo y pánico en una sociedad apabullada por la incertidumbre. Hoy más que nunca es necesario dejar de repetir más de lo mismo, no dejarnos guiar por los cantos tenebrosos del morbo en los medios y el negocio de la negatividad a toda hora, el valor de la motivación y el aliento para salir de este, de otros y de todos nuestros pozos vale el doble o el triple.


Personas que estén fortalecidas mentalmente o que interpreten sano, bajándole el volumen a las pálidas y el desaliento son los imprescindibles de este tiempo. Personas que lo siguen intentando, que le buscan la vuelta, que se juntan para dar, para cantar, para danzar, para llevar animo alegría y vida a sus hermanos, vecinos, colegas, para asistir y ayudar, personas que no bajan sus brazos y que le proponen a la vida un tiempo más, salir de esto o de aquello mejores, 100 veces mejores.


Han salido de sus pozos y buscan sacar a otros cambiando ranas de desaliento por ranas que inspiran.


En mi camino me veo reflejado en la rana que cayó en el pozo, el contexto en el que crecí y viví mis primeros años me formó con muchas experiencias, algunas bellas y otras de vulnerabilidad y pobreza, en ese espacio era cotidiano escuchar ranas paradas en la queja, en la crítica y la escasez, ranas que me decían que no era posible salir, superarse o aspirar a más. Con el paso del tiempo fui entregando mis sueños y guardando esos relatos de no posibilidad. Fue con los años y no sin un trabajo comprometido de verme en ese lugar para soltar algunos modelos mentales heredados y aprendidos, que pude empezar a cambiar en esperanza todo eso, entrenando mi ser y especialmente los oídos de frases grabadas que dañan o buscan dejarnos en pozos profundos.


En esa dirección el trabajo con uno mismo es importante porque no todo pertenece al afuera sino a lo que nos sucede adentro con eso que afuera pasa, escuchar la propia voz que nos dice que no alcanza, que no somos, que no damos la talla. Esa baja autoestima que veo también en tantas personas, un tema central que aparece en los encuentros de coaching tanto a nivel individual como grupal. La importancia de valorarnos, querernos más, reconocernos, celebrarnos, también claro aceptar nuestras debilidades y fallas desde un lugar de no castigo, desde un lugar de amabilidad para con nosotros mismos, es decir, parados en el amor y observándonos desde ahí.


Es interesante que la debilidad de la rana fue la que la llevo a su logro máximo, a salir hacia afuera, su no oír le habilito reinterpretar los dichos de las otras ranas. La rana escucho en los gestos lo que necesitaba y esto me hace preguntarme ¿Que escuchamos? ¿Cuánto de nosotros hay en ello?¿Estamos eligiendo que escuchar? ¿Qué nos decimos a nosotros mismos? Un proverbio árabe reza “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio no lo digas”. Vivimos en la sociedad del ruido y las notificaciones constantes en nuestros dispositivos, pero las más importantes son las que llegan a nuestros pensamientos, nuestras conversaciones internas. Está comprobado que producimos más de 60.000 pensamientos durante el día y el 80 % son negativos y no solo eso, sino que son sobre nosotros mismos. Necesitamos contarnos una historia más poderosa de aquello que vivimos, escuchamos, vemos y visionamos hacia adelante para dejar de luchar con el pasado y reaccionar en el presente, algo que nos lleve a mejores lugares para hacer posible lo imposible.


así como estas ranas desalentaban a la que estaba en el pozo por no ver ellas mismas la salida, en mi vida otros me han alentado, y me inspiraron a salir, a que podía, a avanzar en la vida, me vieron más grande de lo que yo mismo me veía y entiendo que esa es mi tarea hoy y en cada oportunidad, buscar crear contextos de motivación, de posibilidad, desde el servir. Una palabra de aliento puede cambiar el destino de alguien. Hoy alguien lo está necesitando, tus hijos lo esperan para volar, tu compañero/a lo espera, tus seres queridos, tus amigos, tus liderados lo agradecerán.


Hoy las palabras que impulsan a otros cobran mayor sentido y no son moneda corriente, lo mismo un abrazo, un oído atento o un llamado pueden activar un sueño o simplemente invitar a seguir.


Aunque estaba agotada la rana no dejo de saltar y eso es lo que te pido porque el ser humano no sabe de lo que es capaz hasta que lo logra, no desistas, no abandones, un paso más, un día más, no pierdas la fe, no te quedes, no abandones porque pronto vendrán los frutos, quizás no como y de donde los esperes pero vendrán.


alimentate y escucha las voces que te alienten a seguir, a crecer, a creer a avanzar a verte más feliz, más en paz, más firme y fortalecido/a, recibí y llenate de todo lo bueno, todo lo que es digno de reconocimiento todo lo que traiga belleza y celebración a tu vida, rodea tu cerebro de lo que lo potencia, de buenas historias de ejemplos inigualables y llenos de vigor, de maestría en el dar, en el amor, en el servir, libros, películas, anécdotas, y por lo tanto relaciones poderosas, porque donde estén las tuyas ese será tu destino. Es por eso por lo que nosotros te deseamos que vos lo hagas y que las ranas que te rodean generen en el mundo un contexto para crecer.

*Coach Ontológico Profesional. Consultor y Facilitador de contextos de aprendizaje. Responsable académico de la formación de coaches ontológicos profesionales del Instituto ECOA, sede Lomas de Zamora y Ramos Mejía. Conferencista y Capacitador en Recursos Humanos. Profesor en comunicación social Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Profesor ayudante en catedra Psicología del desarrollo Universidad Nacional de Lomas de Zamora.
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