Con mayores controles para que se respete el distanciamiento social, los jóvenes se encontraron en parques y plazas para disfrutar del día, con barbijos y sin mates.


Jóvenes y estudiantes iniciaron el festejo del Día de la Primavera en los parques y plazas de la Ciudad de Buenos Aires, donde se vio en las primeras horas de la tarde menor cantidad de gente comparado a otros años, mientras que el Gobierno porteño desplegó un operativo con más de 600 agentes para controlar las medidas de distanciamiento social.

“Arreglamos en la semana y nos vinimos todos en bicicleta para charlar un rato y comer unos sandwiches. Está buenísimo poder festejar este día en un lugar abierto”, dijo Germán, de 17 años y estudiante del colegio Ecos, que montó un picnic frente a uno de los lagos de los bosques de Palermo con 9 amigos y amigas más.

“Trajimos cada uno su botella de agua así no compartimos y nos dejamos los barbijos puestos”, agregó Paloma, otra de las estudiantes del grupo.

“Necesitábamos venir a una plaza, veníamos haciendo mucho Zoom entre nosotros o jugando al Among Us, pero no es lo mismo”, aseguró Tomás recostado sobre la falda de otra compañera.

Francisca, María, Rocío y Candela, estudiantes de la escuela ORT, se juntaron en la zona del Rosedal de Palermo para festejar el Día de la Primavera y el cumpleaños de una de ellas.

“Vinimos temprano a almorzar, y nos vamos a quedar hasta la tarde”, contaron.

“Sabíamos que se puede en grupos de a 10 personas máximo, pero a nosotras no nos importó porque no tenemos tantos amigos”, bromeó una de ellas.

En la mañana y en las primeras horas de la tarde la concurrencia de estudiantes fue muy tranquila, incluso se vio más a familias y personas haciendo ejercicio.

A medida que transcurrieron las horas y el sol se fue haciendo protagonista de la tarde, comenzaron a acercarse más jóvenes caminando y en bicicleta a los espacios verdes públicos.

Silvina Fernández, una de las 600 agentes desplegadas por el Gobierno porteño para concientizar a la gente sobre las medidas de distanciamiento, explicó que había pocos estudiantes por la prohibición del uso del transporte público.

“Yo vengo todos los días a los parques y veo que ha bajado la cantidad de gente que viene porque no pueden venir en transporte público”, dijo.

“Nuestro trabajo es acercarnos de buena manera a los grupos de jóvenes y recordarles que tienen que tener el tapabocas puesto, mantener la distancia y que no sean grupos numerosos”, aclaró.

En el Parque Rivadavia se vio el mismo escenario, con pocos jóvenes al mediodía, donde al igual que los otros parques de mayor concurrencia de la ciudad, se peatonalizaron las calles aledañas para permitir mayor distanciamiento social.

“No nos vimos en toda la cuarentena, hoy es la primera vez que nos reunimos todas juntas”, contaron Alicia, Catalina, Valentina, Melina y Casiana, estudiantes de 17 años del Carlos Pellegrini, que se acercaron a este parque del barrio porteño de Caballito.

“Vinimos todas caminando porque vivimos relativamente cerca”, contaron, y aseguraron que a pesar de la pandemia y la suspensión de clases, no califican este año como “negativo”.

“Al principio fue muy terrible porque es nuestro último año, pero nos pusimos a pensar en el futuro y cada una hizo orientación vocacional, así que aprovechamos estos meses para ver qué vamos a estudiar el año que viene”, contó Alicia.

Las chicas llevaron cada una mate y dos termos para compartir durante la tarde, además de comida casera como tortas, humus y chocolate.

Julieta, María y Rocío son amigas y estudiantes universitarias de 19 años, y se acercaron al Parque Centenario para descansar de sus horas de estudio.

“Veníamos saliendo a caminar juntas y hoy es la primera vez que nos sentamos”, contó Julieta, que remarcó que “usamos el barbijo siempre, no quiero dejar de cuidarme”.

“Nos quisimos tomar el día libre porque venimos muy saturadas con las clases online de la Facultad, se hace más difícil que las clases presenciales”, contaron las jóvenes.

En los parques y plazas porteñas se vieron grupos de estudiantes que no superaban las 10 personas y la gente respetaba el distanciamiento con otros grupos, aunque, como suele ocurrir, podían verse algunos descuidos respecto al uso del barbijo.